LIBRO PRIMERO CAPITULO 19


Relato de Belcebú sobre su segunda 
visita al Planeta Tierra
Belcebú comenzó su narración de la forma siguiente:

—Descendí al planeta Tierra por segunda vez, sólo once siglos terráqueos después de mi
primera visita.
Poco tiempo después de mi primer descenso sobre la superficie de aquel planeta, tuvo lugar la
segunda grave catástrofe que debieron sufrir tus favoritos; pero esta catástrofe fue de carácter
local y no amenazó con acarrear un desastre de magnitud cósmica.
Durante esta segunda calamidad sufrida por este planeta, el continente de Atlántida, que había
sido el más grande de todos y el lugar principal de residencia de los seres tricerebrados del
planeta durante la época de mi primer descenso, se sumergió junto con otras vastas áreas de
tierra firme, en el seno del planeta, arrastrando consigo todos los seres tricerebrados que lo
habitaban, así como casi todas las obras que habían realizado durante el transcurso de varios
siglos.
En su lugar, emergieron desde el seno del planeta otras tierras firmes que formaron nuevos
continentes e islas, la mayoría de los cuales existen todavía en la actualidad.
Era precisamente en dicho continente de Atlántida donde se hallaba la ciudad de Sandios, en
la cual, como recordarás, vivió en otra época aquel joven compatriota nuestro que fue la causa
de mi primer, «descenso personal» sobre el planeta.
Durante el mencionado segundo gran desastre sobrevivieron muchos de los seres
tricerebrados que han despertado tu interés, gracias a múltiples y diversos hechos; y de ellos
descienden las ahora excesivamente numerosas generaciones humanas.
En la época de mi segundo descenso personal ya se habían multiplicado de tal forma, que
hasta las áreas de tierra firme recién emergidas del seno del planeta comenzaban a poblarse.
En cuanto a la cuestión de las causas que motivaron esta excesiva multiplicación terráquea, ya
la comprenderás a su tiempo cuando me detenga a analizar este punto.
También advertirás, según creo, en lo que a esta catástrofe terrestre se refiere, cierto aspecto
relativo a los seres tricerebrados de nuestra propia tribu; me refiero a la razón por la cual
nuestros congéneres que habitaban el planeta durante dicha catástrofe pudieron escapar de
aquel inevitable «fin apocalíptico».
Se salvaron gracias a las siguientes razones:
Te dije una vez, en el curso de nuestras conversaciones anteriores, que la mayoría de los
miembros de nuestra tribu que habían elegido el planeta de tu predilección como lugar de
residencia, ocupaban, al tiempo de mi primer descenso, el continente de la Atlántida.
Parece ser que un año antes de dicha catástrofe nuestra llamada «Pitonisa de la tribu» nos
profetizó que debíamos abandonar el continente de la Atlántida y emigrar a otro más pequeño
no muy distante de aquél, donde deberíamos residir durante el tiempo que ella nos indicara.
Este pequeño continente tenía entonces el nombre de «Grabontzi» y, tal como la pitonisa lo
previera, escapó del terrible desastre que devastó a todas las demás partes de aquel
desafortunado planeta.
Como consecuencia de dicha catástrofe, este pequeño continente de «Grabontzi» —que existe
todavía con el nombre de «África»— se hizo mucho más grande, debido a que al mismo se
sumaron otras áreas de tierra firme que emergieron de las aguas vecinas.
De modo, querido nieto, que la pitonisa de la tribu pudo prevenir a nuestros congéneres que
habían estado obligados a residir en aquel planeta, salvándolos así de un triste fin, gracias tan
sólo a una propiedad especial eseral que, dicho sea de paso, sólo puede ser adquirida por los
seres intencionalmente, por medio de lo que llamamos los deberes eserales de Partkdolg,
acerca de los cuales habré de hablarte más adelante.
Descendí personalmente sobre la superficie del planeta esta segunda vez, por razones
derivadas de los siguientes hechos.
En cierta ocasión, hallándome en el planeta Marte, recibí un «heterograma» del centro del
Universo anunciando la reaparición inminente en el planeta Marte de ciertos Altísimos
Individuos Sagrados y, en efecto, poco más de medio año marciano después nos visitaron
gran número de Arcángeles, Ángeles, Querubines y Serafines que, en su mayoría, habían
integrado la Altísima Comisión que ya antes había visitado el planeta Marte durante la
primera catástrofe que asoló al planeta Tierra.
Entre estos Altísimos Individuos Sagrados se hallaba, también en esta oportunidad. Su
Conformidad el Ángel —actualmente Arcángel— Looisos, de quien, como recordarás, no
hace mucho que te hablé cuando me referí a la primera gran catástrofe que se abatió sobre la
Tierra, durante la cual fue uno de los que desarrolló una mayor actividad para desviar las
funestas consecuencias de esta desgracia cósmica general.
Al día siguiente de esta segunda visita de los Individuos Sagrados, Su Conformidad, escoltado
por uno de los serafines, su asistente segundo, hizo Su aparición en mi casa.
Después de las consabidas ceremonias y después de haberle formulado yo algunas preguntas
relativas al gran Centro, Su Conformidad se dignó decirme, entre otras cosas, que después del
choque del cometa Kondoor con el planeta Tierra, él y otros Individuos Cósmicos
responsables, a cargo de la supervisión de las cuestiones relativas a la «Armoniosa Existencia
Universal» habían efectuado frecuentes descensos en este sistema solar a fin de observar el
cumplimiento de las medidas que habían tomado para contrarrestar las consecuencias de aquel
accidente cósmico general.
«Y descendimos», siguió diciendo Su Conformidad, «porque si bien habíamos tomado todas
las medidas posibles para evitar un desastre y habíamos asegurado a todos que nada malo
habría de suceder, personalmente no nos hallábamos del todo convencidos de que no pudiera
ocurrir algo imprevisto.»
«Y en efecto, nuestras aprensiones se vieron justificadas, si bien, 'gracias a la casualidad', no
de forma grave, es decir, no a gran escala, sino que esta nueva catástrofe sólo afectó al planeta
Tierra.
«Este segundo desastre», continuó diciendo Su Conformidad, «ocurrió por los motivos
siguientes:»
«Cuando, con ocasión del primer desastre, se desprendieron dos considerables fragmentos de
este planeta, por ciertas razones, lo que llamamos el 'centro de gravedad' de su presencia total
no tuvo tiempo suficiente para desplazarse inmediatamente al nuevo punto correspondiente,
con el resultado de que hasta la siguiente segunda catástrofe, ese planeta mantuvo su 'centro
de gravedad' en una posición inadecuada, debido a la cual su movimiento, durante ese tiempo,
no fue 'proporcionalmente armonioso', debiendo sufrir a menudo, tanto en su interior como en
su superficie, diversas conmociones y considerables desplazamientos.»
«Pero fue sólo recientemente, con motivo del desplazamiento final del centro de gravedad a
su centro verdadero, cuando tuvo lugar la segunda catástrofe mencionada.»
«Pero ahora», agregó Su Conformidad con una especie de autosatisfacción, «la existencia de
este planeta será perfectamente normal con respecto a la armonía cósmica común.»
«Después de esta segunda catástrofe el planeta Tierra ha recobrado finalmente su tranquilidad
y nosotros somos de la opinión que ya no puede sobrevenir ningún desastre a gran escala en el
futuro.»
«No sólo ha adquirido este planeta nuevamente un movimiento normal en el equilibrio
cósmico general, sino que además sus dos fragmentos separados» —que, como ya te he dicho,
se llaman ahora Luna y Anoolios—, «han adquirido un movimiento normal convirtiéndose,
pese a lo pequeño de sus dimensiones, en 'Kofensharnianos' independientes esto es, en
planetas adicionales al sistema solar de Ors.»
Después de discurrir unos instantes. Su Conformidad volvió a dirigirme la palabra:
«Vuestra Reverencia: me he presentado a vos nada más que con el fin de conversar sobre el
futuro bienestar del fragmento mayor, de aquel planeta que conocemos actualmente por el
nombre de Luna.»
«Este fragmento», continuó diciendo Su Conformidad, «no sólo se ha convertido en un
planeta independiente, sino que ya ha comenzado a desarrollarse en el mismo el proceso de la
formación de una atmósfera, necesaria para un planeta e indispensable para la materialización
del Altísimo Trogoautoegócrata Cósmico Común.»
«Ahora bien, Vuestra Reverencia, el proceso normal de formación de dicha atmósfera en este
pequeño e imprevisto planeta, se ve dificultado por una indeseable circunstancia motivada por
los seres tricerebrados que habitan el planeta Tierra.»

«Y es precisamente con respecto a este asunto que he decidido recurrir a vos, Vuestra
Reverencia, para solicitaros que aceptéis emprender en el Nombre del CREADOR
UNIEXISTENTE, la tarea de tratar de evitarnos la necesidad de recurrir a algún proceso
sagrado extremo, inconveniente para seres tricentrados, eliminando este indeseable fenómeno
por algún método ordinario mediante la 'Razón Eseral' que poseen en sus presencias.»
En las aclaraciones más detalladas que entonces siguieron, Su Conformidad me explicó, entre
otras cosas, que después de la segunda catástrofe padecida por la Tierra, los bípedos
tricerebrados que por casualidad habían sobrevivido, habían vuelto a multiplicarse una vez
más; que ahora, todo el proceso de su existencia se había concentrado en otro gran continente,
recientemente formado, de nombre «Ashhark»; que tres amplios grupos independientes
acababan de constituirse en dicho territorio, habitando el primero de ellos la zona de
«Tikliamish», el segundo, el lugar conocido con el nombre de Maralpleicie, y el tercero, en el
área que existe todavía, conocida con el nombre de Perlandia; y que en la psiquis general de
los individuos pertenecientes a los tres grupos, se habían formado ciertos Havatvernonis
peculiares, esto es, ciertos impulsos psíquicos, habiendo sido designada por los terráqueos la
totalidad de estos impulsos cósmicos comunes con el nombre de Religión.
«Si bien estas Havatvernonis o religiones nada poseen en común», continuó diciendo Su
Conformidad, existe no obstante, en estos credos peculiares, una misma costumbre
ampliamente difundida entre los miembros de las tres sectas, que recibe el nombre de
'Sacrificios ofrendados a la divinidad.'»
«Y esta costumbre se basa en el concepto —susceptible de ser conocido tan sólo por la
extraña Razón terráquea— de que si destruyen la existencia de ciertos seres pertenecientes a
otras formas vitales en honor de sus dioses e ídolos, esos dioses imaginarios e ídolos aceptan
las ofrendas sumamente complacidos, ayudándolos indefectiblemente en consecuencia, en la
materialización de todos sus fantásticos sueños.»
«Esta costumbre se halla tan dirundida en la actualidad y la destrucción de la existencia de los
seres de formas distintas de la humana, con este maléfico propósito, ha alcanzado tal
magnitud, que existe ya un excedente del Askokin sagrado que los fragmentos que
inicialmente pertenecieron a la Tierra necesitan de ésta, es decir, un excedente de aquellas
vibraciones que se producen durante el sagrado proceso del Rascooarno de los seres de todas
las formas exteriores existentes que
habitan el planeta Tierra.»
«Para la formación normal de la atmósfera del planeta Luna recientemente originado, este
excedente del Askokin sagrado ya ha comenzado a perturbar seriamente el intercambio
correcto de sustancias entre el planeta Luna y su atmósfera y ha cundido el temor de que su
atmósfera pueda formarse, en consecuencia, incorrectamente, convirtiéndose más tarde en un
inconveniente para el desarrollo armonioso de todo el sistema de Ors, dando lugar
nuevamente al surgimiento de factores capaces de provocar una catástrofe de gran magnitud
cósmica.»
«De modo que, Vuestra Reverencia, lo que ahora os solicito, es, como ya os he dicho, que
aceptéis emprender la tarea de descender especialmente al planeta Tierra, ya que tenéis el
hábito de visitar frecuentemente los diversos planetas que integran este sistema solar y os
halláis familiarizado con los mismos, y de que tratéis, una vez en aquel punto, de inculcar en
la consciencia de estos extraños seres tricerebrados alguna idea sobre lo insensato de su
conducta».
Después de decir unas pocas palabras más. Su Conformidad emprendió el ascenso y cuando
ya se hallaba a gran altura, agregó con voz tonante: «Con esto, Vuestra Reverencia, habréis de
prestar un valiosísimo servicio a nuestra ETERNIDAD UNIEXISTENTE TODO
ABARCANTE.»
Una vez que estos Sagrados Individuos hubieron dejado el planeta Marte, decidí ejecutar la
referida tarea a toda costa, y mostrarme digno, si no por otra cosa, por esta explícita ayuda a
nuestra ETERNIDAD ÚNICA PORTADORA DE CARGAS, de convertirme en una
partícula, si bien independiente, de todo cuanto existe en el Gran Universo.
De modo pues, querido niño, que, imbuido de esta idea, emprendí el vuelo al día siguiente,
por segunda vez, hacia el planeta Tierra, también en esta oportunidad a bordo de la nave
Ocasión.
Esta vez la nave descendió sobre el mar que acababa de formarse como resultado de la
perturbación provocada por el segundo gran desastre que asoló a tu planeta favorito, y que era
llamado por aquel período del flujo cronológico, con el nombre de Kolhidius.
Este mar se hallaba situado al noroeste del gran continente —recién formado— de Ashhark,
que ya era por entonces el centro principal de la existencia de los tricerebrados terráqueos.
Las demás costas de este mar estaban formadas por las nuevas tierras que al emerger del seno
del océano se habían unido al continente de Ashhark; el conjunto había sido llamado en un
principio, «Frianktzanarali» y poco más tarde, «Kolhidishissi».
Debo hacerte notar que tanto este mar como las tierras mencionadas existen todavía, pero
claro está que con otros nombres; el continente de Ashhark, por ejemplo, actualmente se
llama «Asia»; el mar de «Kolhidius», «Mar Caspio» y todo el «Frianktzanarali» se conoce
hoy día con el nombre de «Cáucaso».
El Ocasión descendió sobre este mar «Kolhidius» o «Caspio» debido a que éste era el más
apropiado para anclar la nave y también como base de futuros viajes.
Era sumamente adecuado para mis viajes posteriores debido a la proximidad de un gran río
que desembocaba en el mismo por el este;
este río irrigaba casi toda la región del «Tikliamish» y en sus riberas había sido edificada la
capital del país, la ciudad de «Koorkalai».
Dado que el principal centro terráqueo en aquellos tiempos era el país de Tikliamish, decidí
dirigirme a éste en primer término.
También debo hacerte notar aquí que, si bien este gran río, llamado entonces «Oksoseria»
existe todavía, ya no desemboca en el actual Mar Caspio debido a que por un temblor
secundario del planeta, en la mitad de su curso se desvió hacia la derecha, precipitando su
caudal de agua hacia la zona más deprimida del continente de Ashhark, donde paulatinamente
fue formando un pequeño mar que existe todavía y que se conoce con el nombre de mar de
Aral; pero el viejo lecho de la primera mitad de este largo río, llamado ahora «Amu Darya»
todavía puede verse mediante una observación atenta.
En la época de mi segundo descenso personal, el país de Tikliamish tenía fama de ser, y era
en realidad, el más rico y fértil de todas las tierras firmes dé" aquel planeta aptas para la
existencia de los seres
ordinarios.
Pero después de ocurrir la tercera gran catástrofe que asoló a aquel infortunado planeta, el
otrora fértil país fue cubierto, al igual que otras fecundas regiones, de «Kashmanoon» o, como
allí las llaman, de «arenas».
Durante mucho tiempo después de esta tercera catástrofe, el país de Tikliamish era conocido
simplemente por el nombre de «el Desierto» y en la actualidad existen diversos nombres para
sus diferentes partes; su antigua parte principal se llama «karakoon», es decir
«Arenas Negras».
Durante estas épocas el segundo grupo de seres tricerebrados, también completamente
independiente, vivía, al igual que el primero, en el mismo continente de Ashhark, en la región
conocida entonces con el nombre de País del Maralpleicie.
Tiempo después, cuando este segundo grupo comenzó a tener su propio centro eseral en la
llamada Ciudad de Gob, todo el país terminó por llamarse, durante largo tiempo,
«Goblandia».
Al igual que la primera, también esta localización fue más tarde cubierta por las Kashmanoon
y en la actualidad la antigua parte principal del otrora floreciente país se llama simplemente
«Desierto de Gobi».
Y en cuanto al tercer grupo de seres tricerebrados que por entonces habitaban el planeta
Tierra, éste —también completamente independiente— residía en la parte sudoriental del
continente de Ashhark, frente al país de Tikliamish, justamente al otro lado de aquellas
proyecciones anómalas del continente de Ashhark que se formaron también durante la
segunda perturbación sufrida por tu infortunado planeta.
Esta región habitada por el tercer grupo de terráqueos se llamaba entonces, como ya te he
dicho, «Perlandia».
Más adelante también cambió el nombre de esta zona y no una, sino muchas veces; en la
actualidad, toda esa zona de tierra firme se conoce con el nombre de «Indostán o India».

Es imprescindible que te haga notar que por esa época, es decir, durante mi segundo descenso
personal sobre la superficie del planeta Tierra, ya se hallaba presente y completamente
cristalizado en todos estos seres tricerebrados (que han llamado tu atención) pertenecientes a
los tres grupos independientes ya mencionados, en lugar de aquella función conocida con el
nombre de «el indispensable impulso hacia el autoperfeccionamiento», que debiera existir en
todos los seres tricerebrados, cierto «impulso», también «indispensable» pero sumamente
extraño, a hacer que todos los demás seres del planeta llamaran y consideraran al propio país
como el «Centro Cultural del mundo entero.
Este curioso «Impulso» se hallaba presente por entonces en todos los seres tricentrados,
constituyendo para cada uno de ellos, por así decirlo, el principal sentido y la meta primordial
de su existencia. Como consecuencia natural, eran frecuentes entonces las enconadas luchas
entre estos tres grupos independientes, tanto en el terreno material como en el psíquico,
tendentes a alcanzar dicha meta. Pues verás lo que sucedió.
Partimos entonces del mar Kolhidius, o como se le llama ahora, el mar Caspio, en
«Selchens», es decir, balsas especiales, remontando el río Oksoseria o, como se llama
actualmente, el Amu Darya. Navegamos durante quince días terráqueos llegando finalmente a
la capital de los seres que formaban el primer grupo asiático.
Después de nuestra llegada y de haber escogido un lugar para nuestra residencia permanente
en la zona, empecé por visitar los «Kaltaani» de la ciudad de Koorkalai, es decir, aquellos
establecimientos que se llamaron más tarde en el continente de Ashhark, «Ashana»,
«Caravanseray», etc., y que los terráqueos contemporáneos, especialmente los habitantes del
continente de Europa llaman «Cafés», «Restaurantes», «Clubes», «Dancings», «Centros
sociales», etc.
Empecé por visitar estos establecimientos terrestres porque es allí, tanto en la actualidad como
en cualquier otra época, donde mejor se puede observar y estudiar la psiquis específica y
peculiar de los seres de una región determinada, y esto era precisamente lo que me proponía,
es decir, indagar a fondo en la naturaleza íntima de estos seres, qué era lo que los impulsaba a
la realización de sacrificios, a fin de poder trazarme un plan de acción para extirpar esa
inconveniente costumbre y cumplir así con el cometido que se me había asignado.
En mis visitas a los Kaltaani de la región acerté a encontrar toda clase de seres y entre ellos
uno en particular que me llamó poderosamente la atención.
Este ser tricerebrado con quien me encontré varias veces ejercía la profesión de «sacerdote» y
respondía al nombre de «Abdil».
Como casi todas mis actividades personales, querido nieto, durante este segundo descenso al
planeta Tierra, se hallaron vinculadas con las circunstancias exteriores inherentes a este
sacerdote Abdil, y como acertó a suceder que tuve en ésta mi visita al planeta Tierra toda
suerte de dificultades por su causa, me detendré a contarte más o menos detalladamente
acerca de este ser tricerebrado del que te estoy hablando; además, podrás entender, al mismo
tiempo, gracias a lo que yo te cuente, los resultados que entonces logré con el fin de extirpar
de raíz del extraño psiquismo de tus favoritos la necesidad de destruir la existencia de los
seres de otras formas a fin de «complacer» y «aplacar» a sus dioses e ídolos.
Si bien este terráqueo —que más tarde había de convertirse para mí en un ser tan querido
como los de mi propia familia— no era un sacerdote del rango más elevado, se hallaba bien
versado, sin embargo, en todos los detalles de la enseñanza y de la práctica de la religión
entonces prevaleciente en todo el distrito de Tikliamish; conocía asimismo, este individuo, la
psiquis de los fieles de este credo y en especial, claro está, la de los seres pertenecientes a su
«congregación», según se llaman estas agrupaciones.
Muy pronto nos hallábamos en muy buenos términos y entonces pude descubrir que en el Ser
de este sacerdote Abdil —debido a diversas circunstancias externas entre las cuales se contaba
la herencia, así como las condiciones en que había sido preparado para asumir su existencia
responsable— la función denominada «consciencia», que debiera hallarse presente en todos
los seres tricentrados, no se había atrofiado todavía por completo, de modo que una vez que
hubo conocido con su Razón ciertas verdades cósmicas que yo le expliqué, adquirió
inmediatamente en su presencia, hacia los seres que lo rodeaban semejantes a él mismo, casi
una actitud igual a la normal entre todos los seres tricerebrados del Universo que no se han
desviado del destino señalado, es decir, se convirtió en un ser «piadoso» y «sensible» para con
los que lo rodeaban.
Antes de seguir hablándote de este sacerdote Abdil, debo aclararte que esta terrible costumbre
de los sacrificios estaba pasando por entonces, en el continente de Ashhark, por su punto
culminante y era incalculable la destrucción de los más diversos seres uni y bicerebrados
indefensos que tenía lugar diariamente.
En esa época, si un individuo cualquiera tenía oportunidad de dirigirse a uno u otro de sus
imaginarios dioses o fantásticos «santos», les prometía invariablemente que, en caso de que
sus deseos se vieran cumplidos, habría de destruir en su honor la existencia de uno u otro ser,
o de varios a un tiempo, y, si por casualidad la fortuna le sonreía, cumplía su promesa con la
mayor reverencia, sin detenerse a pensar en el daño que hacía a los otros seres, preocupado
tan sólo por ganarse el favor de su patrono imaginario.
Con ese mismo fin, estos favoritos tuyos comenzaron a dividir los seres de todas las demás
formas en «puros» e «impuros».
Llamaban impuros a aquellas formas eserales cuya destrucción se presumía que no debía
resultar agradable a los dioses, y «puros» a aquellos cuyo sacrificio era, probablemente, en
extremo agradable a sus diversos ídolos imaginarios.
Estos sacrificios no sólo eran llevados a cabo en las casas particulares de cada individuo, sino
también en público y a veces por verdaderos grupos congregados a tal efecto.
Existían incluso, en esta época, lugares especiales para esas matanzas, situados en su mayoría
cerca de los edificios construidos en memoria de ciertas cosas o seres, principalmente de
santos, claro está que de los santos que ellos mismos habían elevado a la categoría de tales.
Existían por entonces, en el país de Tikliamish, muchos de estos lugares públicos, destinados
a llevar a cabo la destrucción de los seres con una apariencia diferente del humano.
Entre todos ellos, el más famoso era el situado en un pequeño monte desde donde cierto
taumaturgo llamado Aliman, se suponía que había ascendido cierta vez hacia «uno u otro
Cielo».
Tanto en aquel lugar como en otros similares, especialmente hacia ciertas épocas precisas del
año, destruían innumerable cantidad de seres llamados «bueyes», «ovejas», «palomas», etc., e
incluso seres de su propia especie.
En este último caso, lo más frecuente era que los individuos más fuertes sacrificaran a los
menos fuertes; así, por ejemplo, el padre sacrificaba a su hijo, el marido a su mujer, el
hermano mayor al menor y así sucesivamente. Pero la mayoría de las víctimas sacrificadas
eran «esclavos» que entonces, al igual que ahora, eran «cautivos», es decir, miembros
pertenecientes a una comunidad conquistada, quienes, de acuerdo con la ley de lo que se
llama «Solioonensius» tenían entonces —esto es, en la época en que esta necesidad de
destrucción recíproca se manifestaba más intensamente en sus presencias— un significado
menor con respecto a esta característica peculiar de los terráqueos.
La costumbre de «complacer a sus dioses» por medio de la destrucción de la existencia de
otros seres sigue practicándose todavía en tu planeta favorito, si bien ya no en la escala en que
estos crímenes abominables eran practicados entonces en el continente de Ashhark.
Pues bien, querido nieto, durante los primeros días de mi viaje a la ciudad de Koorkalai,
acerté a tratar diversos temas con aquel amigo mío que te mencioné antes, el sacerdote Abdil,
pero, por supuesto, nunca le hablé de aquellos puntos que podían revelar mi verdadera
naturaleza.
Al igual que la mayoría de los seres tricerebrados que habitan en tu planeta favorito con
quienes trabé relaciones en mis dos visitas, también él me tomó por un congénere, pero
considerándome sabio y entendido en la psiquis de los terráqueos.

Desde nuestros primeros encuentros, siempre que comenzábamos a hablar de otros seres
semejantes a él, me conmovía profundamente la simpatía que por ellos experimentaba. Y
cuando mi Razón me hizo comprender claramente que la función de la consciencia,
fundamental para los seres tricentrados, que le había sido transmitida a su presencia por vía
hereditaria, no se había atrofiado todavía completamente, comenzó a desarrollarse en mi
naturaleza, a partir de ese momento, y a cristalizarse como resultado normal del proceso, un
«impulso necesario realmente funcional» hacia él, semejante al que experimento hacia mis
congéneres.
Desde entonces también él, de acuerdo con la ley cósmica que afirma «de toda causa nace su
efecto correspondiente» comenzó a experimentar hacia mí un «Silnooyegordpana» o, como lo
llamarían tus favoritos, «un sentimiento de confianza hacia un semejante».
Pues bien querido nieto, tan pronto como fue comprobado esto por mi Razón, se me ocurrió la
idea de materializar mediante mi primer amigo terrestre la tarea que se me había encargado
ejecutar personalmente en esta mi segunda visita al planeta Tierra.
Comencé, en consecuencia, a encaminar deliberadamente todas nuestras conversaciones hacia
el problema de los sacrificios a los dioses.
Si bien, mi querido nieto, es mucho el tiempo transcurrido desde que hablé con este amigo
terráqueo, creo que sería capaz todavía de recordar y repetir palabra por palabra todo cuanto
en aquellas conversaciones dijimos.
Pero ahora me limitaré a recordar y repetirte solamente la que fue nuestra última conversación
y que sirvió como punto de partida a todos los hechos posteriores que, aunque pusieron a la
existencia planetaria de este amigo terráqueo un doloroso fin, pusieron sin embargo a su
alcance la posibilidad de proseguir su tarea de autoperfeccionamiento.
Esta última conversación tuvo lugar en su casa. Le expliqué en aquella ocasión con toda
franqueza la extrema estupidez y lo absurdo de esta costumbre de los sacrificios. Esto es lo
que le dije:
«Bueno».
«Tú tienes una religión, tienes una fe en algo. Es excelente tener fe en algo, cualquier cosa
que sea, aun cuando uno no sepa exactamente en quién o en qué, o cuando no pueda
representarse el significado y las posibilidades que entraña el objeto en el cual se ha
depositado esa fe. Tener fe, ya sea conscientemente o con completa inconsciencia, es
necesario y conveniente para todos los seres.»
«Y es conveniente porque sólo gracias a la fe puede aparecer en un ser dado la intensidad de
la autoconsciencia eseral que todos los seres necesitan, así como la evaluación del Ser
personal como una partícula más de Todo Cuanto Existe en el Universo.»
«¿Pero qué tiene que ver todo esto con la existencia de otro ser destruida en el altar de los
sacrificios, más aún, un ser cuya existencia destruyes en el nombre de su CREADOR?»
«Gracias a tu fuerza y astucia psíquica, es decir, a aquellos datos que te son propios y con los
cuales te ha dotado nuestro CREADOR COMÚN para el perfeccionamiento de tu Razón, te
aprovechas de la debilidad psíquica de otros seres y destruyes su existencia.»
«¿Entiendes tú, infortunada criatura, cuan criminales —en un sentido objetivo— son tus
acciones al cumplir con esta costumbre?»
«En primer lugar, al destruir la existencia de otros seres reduces por tu cuenta el número de
factores de aquella suma total de productos que son los únicos que pueden conformar las
condiciones necesarias para hacer posible el autoperfeccionamiento de los seres semejantes a
ti, y en segundo lugar, disminuyes de esa manera o destruyes completamente las esperanzas
de nuestro PADRE CREADOR COMÚN en aquellas posibilidades que te han sido dadas
como ser tricerebrado que eres y como ser en quien Él tiene depositada Su confianza, como
una posible ayuda en el futuro para Él.»
«El absurdo evidente de tan terrible acción eseral se pone por sí mismo de manifiesto si al
destruir la existencia de otros seres crees estar haciendo algo agradable para AQUÉL,
precisamente, que los ha creado deliberadamente.»
«¿Puede ser acaso que jamás se te haya ocurrido que si nuestro PADRE CREADOR COMÚN
ha creado aquella vida habrá debido hacerlo por alguna razón?»
«Piensa», seguí diciéndole, «piensa un poco, no como has estado acostumbrado a pensar
durante toda tu vida, es decir, como un 'asno Khorassaniano', sino honesta y sinceramente,
como debe pensarse, como todo ser que se llame, como tú te llamas, 'hecho a imagen y
semejanza de Dios', debe pensar.»
«Cuando DIOS te creó y creó a estos seres cuya existencia destruyes, ¿puede nuestro
CREADOR haber escrito entonces en las frentes de algunas de Sus criaturas que deberían ser
destruidas en Su honor y gloria?»
«Nadie, ni aun un idiota de las 'islas de Albión que se detuviera a pensar un instante seria y
sinceramente en ello, podría dejar de comprender su sinrazón.»
«Esto sólo puede haber sido inventado por la gente que se dice hecha 'a imagen y Semejanza
de Dios', pero no por Él, que creó a los hombres y a estos otros seres de forma distinta, a
quienes ellos destruyen, para, según se imaginan. Su placer y satisfacción.»
«Para Él no existe diferencia alguna entre la vida de los hombres y la de los seres de cualquier
otra forma.»
«El hombre es vida y también los seres de otras formas exteriores.»
«Y es una sabia previsión de Su parte que la Naturaleza haya adecuado la forma exterior de
los seres a aquellas condiciones y circunstancias predominantes a través de las cuales habría
de desarrollarse el proceso de su existencia.»
«Ponte a ti mismo por ejemplo: ¿Podrías acaso, provisto de tus órganos internos y externos,
tirarte al agua y nadar como un pez?»
«Claro que no, puesto que no tienes ni «branquias», ni «aletas» ni «cola», es decir, un
organismo conformado de antemano para existir en un medio con las características del
agua.»
«Si se te ocurriese lanzarte al agua no tardarías en asfixiarte y hundirte, convirtiéndote en un
buen 'fiambre' para aquellos mismos peces quienes, en el medio que les es propio, serían,
naturalmente, infinitamente más fuertes que tú.»
«Y otro tanto sucede con los peces, pues, ¿qué ocurriría si uno de ellos viniese ahora a
visitarnos, se sentara a la mesa con nosotros e intentase tomar una taza de té en nuestra
compañía?»
«Claro está que no podría hacerlo dado que carece de los órganos correspondientes para
manifestaciones de esta naturaleza.»
«El pez fue creado para el agua y así sus órganos externos e internos están adaptados a
aquellas manifestaciones requeridas por el agua. De modo pues que sólo puede manifestarse
eficazmente, cumpliendo con éxito el fin de su existencia, en aquel medio que su CREADOR
le asignó de antemano.»
«Y todos tus órganos internos y externos fueron creados por nuestro CREADOR COMÚN
exactamente de la misma manera. Te han dado piernas para caminar, manos para procurarte
los alimentos necesarios, una nariz para respirar y toda una serie de órganos con ella
relacionados, adaptados en tal forma que puedes asimilar y transformar en tí las sustancias
Universales que recubren en los seres tricerebrados semejantes a tí ambos cuerpos eserales
superiores, en uno de los cuales confía nuestro CREADOR COMÚN OMNIABARCANTE
como posible auxiliar en el futuro, de Sus necesidades, a fin de llevar a cabo las
materializaciones por El previstas para bien de Todo cuanto existe.»
«En suma, que el principio correspondiente ha sido previsto y entregado a la Naturaleza por
nuestro CREADOR COMÚN, de modo que tus órganos internos y externos pudieran ser
conformados de acuerdo con aquel medio en que el proceso de la existencia de los seres pertenecientes
a tu mismo sistema cerebral debía desarrollarse.»
«Para que comprendas esto claramente será de gran provecho recurrir a un ejemplo que puede
proporcionarnos el propio borrico que tienes atado en tu establo.»
«Incluso en lo que a este borrico se refiere, tú abusas de las posibilidades que nuestro
CREADOR COMÚN te ha concedido, puesto que en este momento dicho borrico se halla
forzado a permanecer en pie contra su voluntad en tu establo y si así lo hace, es tan sólo por
haber nacido bicerebrado, y esto ocurre, a su vez, porque para la existencia cósmica común de
los demás planetas, la presencia total de dicho borrico es necesaria.»
«Y por consiguiente, conforme a la ley, falta en la presencia de tu borrico la posibilidad de
mentación lógica y en consecuencia, conforme a la ley, debe ser lo que llamamos 'irracional o
estúpido.'»

«Aunque tú fuiste creado con la finalidad de permitir la existencia cósmica común de los
planetas y si bien fuiste creado a manera de un 'campo de esperanza' para los futuros designios
de nuestro MISERICORDIOSO CREADOR COMÚN —es decir, creado con las
posibilidades de recubrir en tu presencia aquel 'Altísimo Sagrado' para cuyo posible
surgimiento fue creado precisamente todo el mundo existente en la actualidad—, y pese a las
posibilidades mencionadas que te han sido concedidas, es decir, pese al hecho de que hayas
sido creado tricerebrado y con posibilidades de mentación lógica, tú, no obstante, no te sirves
de esta propiedad sagrada para el fin al que fue destinada, sino que la manifiestas en forma de
una astucia solapada hacia Sus otras creaciones como, por ejemplo, tu borrico.»
«Aparte de las posibilidades presentes en tu ser, de cobijar conscientemente en tu presencia
dicho Altísimo Sagrado, este borrico entraña exactamente el mismo valor para el proceso
cósmico común y por consiguiente, para nuestro CREADOR COMÚN, que tú mismo, puesto
que cada uno de vosotros está predestinado a cumplir una misión definida en su totalidad, es
decir, la materialización del sentido de Todo lo Existente.»
«La diferencia entre tú y tu borrico radica tan sólo en la forma y la calidad del funcionamiento
de la organización externa e interna de vuestras presencias comunes.»
«Tú tienes dos piernas, en tanto que tu borrico tiene cuatro patas, cada una de las cuales,
además, es infinitamente más fuerte que tus miembros.»
«¿Puedes acaso llevar sobre esas dos débiles piernas todo el peso que es capaz de acarrear tu
asno?»
«Claro que no, puesto que tus piernas te han sido dadas tan sólo para trasladar tu cuerpo y las
pequeñas cargas necesarias para la existencia normal de los seres tricerebrados, conforme a
las previsiones de la Naturaleza.»
«Semejante distribución de las fuerzas y el vigor —que a primera vista puede parecer injusta
por parte de nuestro JUSTÍSIMO CREADOR— fue llevada a cabo por la Gran Naturaleza,
debido simplemente a que el excedente de sustancias cósmicas que a ti te fue acordado por el
CREADOR y por la Naturaleza para que lo emplearas a los efectos de tu
autoperfeccionamiento personal, le fue negado al asno, pero, en su lugar, la Gran Naturaleza
misma transformó ese mismo excedente de sustancias cósmicas, en el caso de la presencia de
tu asno, en el poder y la fuerza de ciertos órganos, fuerza ésta para ser empleada tan sólo en su
existencia presente, pero claro está que sin el conocimiento personal del propio asno, lo cual
le permite manifestar dicho poder incomparablemente mejor que nosotros.»
«Y estas variadas manifestaciones dotadas de fuerza desigual, según las diversas formas de
los seres, materializan en su totalidad, precisamente aquellas condiciones exteriores que hacen
posible a todos tus semejantes —esto es, a los seres tricerebrados— perfeccionar
conscientemente el 'Germen de Razón' que su presencia contiene, desarrollándolo hasta el
estado requerido de la Razón Objetiva Pura.»
«Vuelvo a repetirte: todos los seres de todos los sistemas cerebrales sin excepción, grandes y
pequeños, alojados en la superficie o en el interior del planeta Tierra, en el aire o en el agua,
son todos necesarios por igual a nuestro CREADOR COMÚN, para la armonía común de la
existencia de Todo Cuanto Existe.»
«Y como todas las formas eserales que acabo de enumerar materializan en su conjunto la
forma del proceso requerido por nuestro CREADOR para la existencia de todo cuanto existe, la
esencia de todos los seres es para Él igualmente valiosa e irreemplazable.»
«Para nuestro CREADOR COMÚN, todos los seres no son sino partes de la existencia de un
todo esencial por Él espiritualizado.»
«¿Pero cuál es nuestro problema actual?»
«Una de las formas existenciales por Él creadas, en cuya presencia ha colocado todas Sus
esperanzas para el futuro bienestar de todo cuanto existe, valiéndose de su superioridad,
domina a todas las demás y destruye sus existencias a diestro y siniestro y, lo que es más
grave, presumiblemente en 'Su nombre.'»
«Lo más terrible de todo esto es que si bien estos actos contra Dios de tamaña magnitud
tienen lugar en todas las casas y en todas las plazas diariamente, a nadie se le ocurre, no
obstante, que estos seres cuyas existencias destruimos continuamente son tan queridos como
nosotros mismos para Aquél que los ha creado, teniendo en cuenta además que si los creó,
tiene que haber sido con algún propósito.»
Tras una breve pausa reanudé luego mi discurso hablando así al sacerdote Abdil:
«Y lo más tremendo de todo es que cada hombre que destruye la existencia de otros seres en
honor de sus ídolos venerados, lo hace con todo su corazón, convencido plenamente de que
realiza una acción 'buena.'»
«No me cabe ninguna duda de que si cualquiera de ellos tuviera consciencia de que al destruir
la existencia de otro ser no sólo está realizando una acción criminal contra el verdadero DIOS
y los Santos Verdaderos, sino que les inflige, en sus esencias mismas, pena y aflicción, por el
hecho de que puedan existir en el gran Universo esos monstruos hechos 'a imagen y
Semejanza de Dios', capaces de manifestarse hacia otras obras de nuestro CREADOR
COMÚN de modo tan inconsciente y despiadado, si cualquiera de ellos tuviera consciencia de
esta atrocidad, ello bastaría para que no quedara un solo hombre capaz de destruir la
existencia de otros seres en el ara de las inmolaciones.»
«Entonces quizás también en la Tierra comenzaría a regir el mandamiento personal
decimoctavo de nuestro CREADOR COMÚN, que ordena: 'Ama a todo lo que respira.'»
«Destruir la existencia de las creaciones de Dios para ofrendárselas en sacrificio, es como si
alguien de la calle penetrara ahora en tu casa y destruyera desenfrenadamente todos tus
'bienes', que tanto tiempo te ha llevado reunirlos y tantos esfuerzos y sacrificios te han exigido,
para ofrendar sus desechos en tu honor.»
«Piensa, pero no olvides que has de hacerlo sinceramente, y medita sobre lo que acabo de
decirte; y entonces me responderás: ¿Te sentirías halagado y lleno de gratitud por la intrusión
del ladrón que destrozara todos tus bienes?»
«¡Claro que no! Un millón de veces ¡¡¡no!!!»
«Muy al contrario, todo tu ser estaría poseído de una santa indignación, siendo tu más caro
deseo el de castigar al ladrón y no el de recompensarlo, de modo que no pararías hasta haber
podido vengarte.»
«Lo más probable es que ahora me repliques que aunque ello es así, tú eres, solamente, un
hombre...»
«Eso es muy cieno; solamente eres un hombre. Y felizmente DIOS es DIOS y no es tan
vengativo ni criminal como el hombre.»
«Claro está que él no te castigará ni habrá de vengarse, como tú harías en el caso del ladrón
que destruyera los bienes que te había llevado tantos años reunir.»
«No hace falta decir que DIOS lo perdona todo; esto ya es una ley
universal.»
«Pero Sus creaciones —en este caso los hombres— no deben abusar de Su Misericordiosa y
Omniabarcante Bondad; no sólo deben cuidar todo lo que Él ha creado sino que también
deben cooperar en su conservación.»
«Sin embargo, aquí en la Tierra los hombres han llegado incluso a dividir los seres
pertenecientes a otras formas en puros e impuros.»
«¿Puedes decirme qué los guió cuando realizaron esta división?»
«Dime por ejemplo, ¿es pura una oveja e impuro un león? ¿No son los dos iguales ante la
naturaleza?»

«Eso también fue inventado por los hombres... ¿Y por qué lo inventaron, por qué trazaron esta
línea divisoria? Simplemente porque una oveja es un ser sumamente débil y además estúpido
y puede hacerse con él lo que se quiera.»
«Y los hombres llaman impuro al león simplemente porque no se atreven a hacer con él lo que
se les antoja.»
«Los leones son más inteligentes y, lo que es más importante todavía, más fuertes que ellos.»
«Los leones no sólo no permiten ser destruidos, sino que ni siquiera dejan que persona alguna
se les acerque.»
«Si un incauto se aproximara a un león, éste le daría tal zarpazo en el cuello que nuestro
valiente no tardaría en volar allá donde 'la gente de las islas de Albión' no han estado nunca
todavía.»
«Una vez más te repito: Los leones son impuros simplemente porque los hombres les temen,
porque son cien veces más bravos y más fuertes que ellos; y las ovejas son puras nada más
que porque son mucho más débiles que ellos y además, vuelvo a repetírtelo, mucho más
estúpidas.»
«Todo ser ocupa entre los demás pertenecientes a otras formas, un lugar definido acorde con
su naturaleza y con el grado de Razón alcanzado por sus ascendientes y recibido en herencia.»
«Para ver esto más claro, puede servirnos de ejemplo la diferencia existente entre las
presencias ya definidamente cristalizadas del psiquismo de tu perro y de tu gato.»
«Si mimas al perro y lo acostumbras a hacer todo lo que a ti se te antoje, se volverá obediente
y cariñoso, al extremo de la mayor humildad.»
«Te seguirá a todas partes y hará toda clase de piruetas delante de ti para agradarte al
máximo.»
«Podrás mostrarte cariñoso con él, o bien podrás pegarle y herirlo, pero nunca se rebelará,
lejos de ello, siempre habrá de mostrarse sumiso y complaciente.»
«Pero trata de hacer lo mismo con el gato.»
«¿Crees acaso que habrá de responder a tus injurias como el perro, haciendo las mismas
gracias para halagarte? Claro que no...»
«Aun cuando el gato no es lo bastante fuerte para desquitarse inmediatamente, habrá de
recordar tu actitud durante largo tiempo y en la primera ocasión encontrará la manera de
vengarse.»
«Se dice, por ejemplo, que a menudo ha sucedido que un gato mordiera en la garganta a un
hombre durante el sueño.»
«Y a mí no me cabe la menor duda de que esto pueda ser así, puesto que sé cuáles podrían ser
los motivos del gato.»
«No, el gato habrá de valerse por sí mismo; él conoce su propio valor y es orgulloso, y todo
esto simplemente porque es gato y su naturaleza ha alcanzado un grado de Razón
correspondiente a los méritos de sus ascendientes.»
«En todo caso, ningún ser, ni tampoco ningún hombre, podría irritarse por ello con un gato.»
«¿Es su culpa acaso que sea gato y que en razón de los méritos de sus ancestros corresponda
su presencia a ese grado de 'autoconsciencia?'»
«Ni ha de despreciárselo por ello ni ha de golpeárselo; por el contrario, debemos darle lo que
se le debe, y con mayor razón nosotros que ocupamos un peldaño más elevado en la escala de
la evolución de la autoconsciencia».
Te diré de paso, querido niño, con respecto a las relaciones mutuas de los seres, que un
antiguo y famoso profeta del planeta «Desagroanskrad», el gran «Arhoonilo», ayudante
actualmente del principal investigador de todo el Universo en lo referente a los detalles de la
Moralidad Objetiva, expresó una vez:
«Si un ser es por su Razón superior a ti, siempre deberás inclinarte en su presencia, tratando
de imitarlo en todo; pero si en cambio es inferior, deberás ser justo con él puesto que una vez
tú también ocupaste ese mismo lugar de acuerdo con la sagrada Medida de la graduación de la
Razón de nuestro CREADOR y OMNICONSERVADOR.»
De modo pues, querido nieto, que esta última conversación con aquel amigo terrestre le
produjo una impresión tan fuerte que en los días que siguieron no pudo dejar de pensar y
pensar en lo que yo le había dicho.
En resumidas cuentas, el resultado final de aquello fue que este sacerdote llamado Abdil
comenzó finalmente a conocer y percibir el verdadero significado de la costumbre de ofrendar
sacrificios a los dioses.
Varios días después de nuestra conversación, se celebró una de las dos grandes festividades
religiosas de todo el país de Tikliamish, llamada «Zadik». Pero en el templo en que mi amigo
Abdil oficiaba como sacerdote principal, en lugar de decir el sermón habitual después de la
ceremonia del templo, comenzó a hablar inesperadamente acerca de los sacrificios.
Yo acerté a hallarme presente por casualidad en aquel gran templo y pude así escuchar las
palabras que les dirigió a los fieles.
Aunque el tema de su disertación era insólito en semejante ocasión y en semejante lugar, no le
sorprendió a nadie debido a lo bien que habló y a la vehemencia y hermosura sin precedente
de sus palabras.
Habló tan bien y tan sinceramente en verdad, y tantos fueron los ejemplos ilustrativos y
convincentes contenidos en su magnífica alocución, que gran parte de la concurrencia no
tardó en comenzar a llorar amargamente.
Tan fuerte fue la impresión que sus palabras produjeron en el auditorio, que pese a que la
disertación se prolongó hasta el día siguiente en lugar de la media hora habitual, cuando hubo
terminado, todos permanecieron largo tiempo como fascinados, negándose a marcharse.
A partir de ese momento comenzaron a divulgarse entre los que no habían asistido
personalmente ciertos fragmentos de lo que él había predicado.
Es interesante notar que era costumbre por entonces que los sacerdotes vivieran nada más que
de las ofrendas que buenamente querían concederles sus feligreses; y también nuestro
sacerdote Abdil había practicado este hábito de recibir de sus feligreses toda clase de alimentos
para su sustento ordinario.
Entre los presentes que los feligreses solían llevarle había cadáveres asados y hervidos de
seres de las más diversas formas exteriores tales como «pollos», «corderos», «gansos», etc.
Pero después de esta famosa disertación nadie le volvió a llevar ninguno de estos presentes,
sino tan sólo frutas, flores, trabajos manuales, etc.
Al día siguiente de su discurso, mi amigo terráqueo se convirtió inmediatamente, para todos
los ciudadanos de Koorkalai, en lo que se llama un «sacerdote de moda», y no sólo se hallaba
el templo en que realizaba sus oficios atestado de gente, sino que pronto se le pidió que
hablara en otros templos.
Habló así en una gran cantidad de oportunidades acerca de los sacrificios realizados en honor
de los dioses y antes de que pasara mucho tiempo el número de sus admiradores había crecido
considerablemente, de modo que pronto fue popular, no sólo entre los seres de la ciudad de
Koorkalai, sino en todo el territorio de Tikliamish.
No sé qué hubiera pasado si todo el clero, esto es, todos los demás hombres pertenecientes a
la misma profesión que mi amigo, no se hubiera alarmado a causa de su popularidad y no
hubiera levantado una enconada resistencia hacia lo que él predicaba.
Claro está que lo que sus colegas temían era que si desaparecía la costumbre de ofrendar
sacrificios a los dioses, también desaparecerían sus excelentes ingresos, con lo cual habría de
reducirse considerablemente su autoridad, hasta desvanecerse por completo.
Día a día aumentó el número de enemigos del sacerdote Abdil, difundiéndose por todas partes
viles calumnias acerca del mismo, tendentes a destruir su popularidad y su afianzamiento
entre la población.

Los demás sacerdotes comenzaron por dirigir sermones a los fieles congregados en sus
templos, tratando de demostrar exactamente lo contrario de lo que predicaba Abdil.
Finalmente, el clero llegó al punto de sobornar a diversos seres dotados de propiedades de
«Hasnamuss» para que planeasen y cometiesen toda clase de atentados contra el pobre Abdil
y, en realidad, fueron varias las ocasiones en que estas nulidades terrestres dotadas de las
mencionadas propiedades trataron de destruir su existencia echándole veneno a las diversas
ofrendas comestibles que sus feligreses le llevaban.
Pese a todo ello, el número de admiradores sinceros del valeroso sacerdote aumentaba
diariamente.
Por fin, la corporación entera de sacerdotes no pudo soportarlo más.
Y en un triste día para mi amigo, se llevó a cabo un juicio general ecuménico que duró cuatro
días.
La sentencia de este Concilio Ecuménico General no sólo expulsó definitivamente a Abdil del
sacerdocio, sino que dejó las puertas abiertas para la organización de una verdadera
persecución contra el sacerdote en desgracia.
Claro está que todo esto fue teniendo poco a poco un fuerte efecto sobre la mentalidad de los
seres ordinarios, de modo que incluso aquellos más próximos a él, que antes lo habían
estimado, comenzaron entonces a evitarlo gradualmente, repitiendo toda suerte de calumnias
acerca de su persona.
Incluso los que un día antes le habían mandado flores y otros diversos presentes,
reverenciándolo casi como a un ser divino, se volvieron tan acérrimos enemigos, debido a las
constantes habladurías, que no parecía sino que aparte de injuriarlos personalmente, les hubiera
matado a sus seres más queridos.
Así es la psiquis de los seres que habitan aquel peculiar planeta.
En resumen, merced a su sincera buena voluntad para con aquellos que lo rodeaban, este
amigo mío debió sufrir un verdadero martirio. Y aun esto quizás no hubiera sido nada, si la
culminación de la inconsciencia por parte del clero no los hubiera llevado a determinar su fin,
es decir, a determinar la muerte del sacerdote Abdil.
Así ocurrieron las cosas:
Mi amigo no tenía ningún familiar en la ciudad de Koorkalai, debido a que había nacido en un
pueblo muy distante.
Y en cuanto a los cientos de servidores y otras nulidades terrestres ordinarias que lo habían
rodeado durante su anterior prosperidad, lo habían ido abandonando ahora paulatinamente,
debido, claro está, a que el amo había perdido ya su anterior importancia e influencia.
Hacia el fin, sólo permaneció a su lado un viejo amigo que había vivido toda la vida con él.
A decir verdad, este anciano había permanecido a su lado sólo a causa de su avanzada edad, lo
cual, en aquel planeta, suele volver a la gente absolutamente inútil para cualquier cosa.
Se quedó a su lado simplemente porque no tenía otro lugar donde ir y ésa fue la única razón
por la cual no abandonó a su amigo, acompañándolo incluso en los días de plena persecución.
Al entrar en la habitación del sacerdote una funesta mañana, el anciano descubrió que le
habían dado muerte, hallándose su cuerpo planetario hecho pedazos.
Sabiendo que yo había sido amigo de su amo, se dirigió inmediatamente a mí para darme la
triste noticia.
Ya te he dicho, querido niño, que había concebido en mi corazón un profundo cariño por
aquel infortunado sacerdote, exactamente igual que si se hubiera tratado de uno de mis
familiares más próximos. Así pues, cuando conocí la terrible nueva, experimenté en toda mi
presencia una especie de Skinikoonartzino, es decir, que la conexión entre mis centros
eserales separados casi sufrió una dislocación total.
Pero entonces temí que durante el día aquellos seres inconscientes cometieran nuevos ultrajes
sobre el cuerpo planetario de mi amigo, de modo que decidí impedir por lo menos la posible
materialización de aquel crimen.
Dispuse inmediatamente, entonces, que varios seres adecuados que me apresuré a contratar
por una elevada suma de dinero, retiraran el cuerpo planetario de mi amigo, depositándolo
temporalmente en mi Selchan, esto es, en la balsa en que había llegado y que se hallaba anclada
a corta distancia del río Oksoseria y que todavía no había utilizado porque tenía la
intención de navegar desde allí hasta el mar Kolhidius a bordo de nuestra nave Ocasión.
El triste fin de la existencia de mi amigo no impidió que sus prédicas acerca del cese de los
sacrificios a los dioses tuvieran un profundo efecto sobre un amplio sector de la población.
Y, a decir verdad, el número de víctimas ofrecidas en sacrificio comenzó a disminuir
apreciablemente, haciéndose claro el hecho de que si bien la costumbre quizás no fuera
abolida totalmente en aquel tiempo, por lo menos habría de mitigarse considerablemente.
Y por el momento aquello me bastaba.
Puesto que no había ya razón alguna para permanecer más tiempo en aquel lugar, decidí
regresar inmediatamente al mar Kolhidius donde habría de decidir el destino que debía darle
al cuerpo planetario de mi amigo.
Cuando subí a bordo de la nave Ocasión me encontré con un heterograma procedente de
Marte en el que se me informaba de la llegada a aquel planeta de otra comitiva procedente del
planeta Karatas, instruyéndome especialmente para regresar a la mayor brevedad posible.
Gracias a este heterograma se me ocurrió una idea sumamente extraña, es decir, se me ocurrió
llevarme conmigo al planeta Marte el cuerpo planetario de mi amigo, en lugar de disponer del
mismo allí en la Tierra.
Lo que me impulsó a esta decisión fue el temor de que los enemigos de mi amigo, que tan
profundamente lo odiaban, realizasen una investigación en busca de su cuerpo planetario y
que, encontrándolo finalmente «enterrado» —como dicen tus favoritos— en algún lugar,
perpetrasen alguna atrocidad postuma.
De modo que pronto abandoné el mar Kolhidius y me hallaba en camino ascendente hacia el
planeta Marte, a bordo de la nave Ocasión. Una vez en aquel planeta, tanto los miembros de
nuestra tribu como varios marcianos de buen natural, enterados de los hechos ocurridos en la
Tierra, le prestaron los debidos honores al cuerpo planetario que había llevado conmigo.
Así, le dieron sepultura con todas las ceremonias habituales en el planeta Marte, y en el lugar
en que descansan sus restos levantaron un túmulo.
De todos modos, fue ésta la primera y seguramente también la última «tumba» —como tus
favoritos las llaman— levantada en el planeta Marte, tan cercano y al mismo tiempo tan
lejano de los seres terrestres para quienes es completamente inaccesible, destinada a guardar
los despojos de un hombre nacido en la Tierra.
Supe más tarde que esta historia había llegado a conocimiento de Su Dignidad el conservador
de todos los Cuartos, el Altísimo Arcángel Setrenotrinarco, Conservador de todos los Cuartos
en aquella parte del Universo al cual pertenece el sistema de «Ors», y que había manifestado
su complacencia, dándoles a los funcionarios pertinentes una orden con relación al alma de
este terráqueo.
En el planeta Marte me esperaban, a decir verdad, varios miembros de nuestra tribu recién
llegados del planeta Karatas.
Entre ellos se hallaba, dicho sea de paso, tu abuela, quien, de acuerdo con las instrucciones de
los principales Zirlikneros del planeta Karatas, había sido designada para desempeñar el papel
de la mitad pasiva en la conservación de mi descendencia.






LIBRO PRIMERO CAPÍTULO 18 (2)

RELATOS DE BELCEBÚ A SU NIETO
LIBRO PRIMERO CAPÍTULO 18 (2)
GEORGE I. GURDJIEFF

TRADUCCIÓN DE VIDEOS AL ESPAÑOL
CONTINUA DE LIBRO PRIMERO CAPITULO 18 (1)

entré en esta parte
demostrativa sin la menor coerción exterior, a pesar de ello, mi esencia permitió filtrarse
dentro de mi ser y desarrollarse allí, junto a las referidas y extrañas experiencias, una criminal
y egoísta ansiedad por la salvación de mi existencia personal.
Sin embargo, querido nieto, a fin de que no te aflijas demasiado, no estará de más agregar que
esto ocurrió por primera y también por última vez en todo el transcurso de mi larga y azarosa
vida.
Pero quizás fuera mejor por ahora no detenernos en estas cuestiones que atañen tan sólo a
nuestra familia.
Volvamos más bien al relato que había comenzado acerca del Okidanokh Omnipresente y de
mi futuro íntimo amigo el Gornahoor Harharhk, quien por entonces era considerado en todas
partes y por todos los seres tricerebrados ordinarios como uno de los más eminentes
«científicos» y que ahora, aunque vive todavía, no sólo no es considerado «eminente» sino
que gracias a su propia obra, es decir, a su propio hijo, es lo que nuestro querido Mullah Nassr
Eddin llamaría un «ex ser» o, lo que es lo mismo, como se suele decir en estos casos,
Harharhk está «en unos viejos zuecos».
Pues bien; entonces, mientras flotaba, el Gornahoor Harharhk, con gran dificultad y sólo
gracias a una maniobra especial sumamente complicada, logró controlar finalmente su cuerpo
planetario, cargado con todos aquellos pesados adminículos, conduciéndolo nuevamente al
lugar que antes había ocupado, donde lo fijó firmemente con la ayuda de ciertos tornillos
especiales colocados en la silla a ese fin; y cuando ambos restablecimos más o menos
normalmente nuestro medio de comunicación, le fue posible, mediante los antes mencionados
conectores artificiales, llamarme la atención sobre ciertos aparatos colocados encima de la
mesa que según ya te dije, eran muy semejantes a los «Momonodooars».
Una cuidadosa observación revelaba que todos ellos eran de aspecto similar, como otros
tantos «portalámparas» idénticos, desde cuyos extremos salían «carbones», iguales a los que
suelen encontrarse en los aparatos que tus favoritos del planeta Tierra llaman «lámparas de
arco».
Después que hubo llamado mi atención sobre estos tres «Momonodooars» semejantes a
portalámparas, me dijo:
«Cada uno de estos aparatos de igual aspecto exterior posee una conexión directa con aquellos
receptáculos (o contenedores) secundarios que le mostré cuando todavía nos hallábamos
afuera y en los cuales, después del Djartklom artificial, se reúnen las distintas partes activas
del Okidanokh, formando una masa general.
«He dispuesto estos tres aparatos independientes de modo tal que en este espacio
absolutamente vacío, podamos, para el experimento deseado, obtener de aquellos receptáculos
secundarios la cantidad necesaria de las distintas partes activas del Okidanokh en estado puro;
y también podemos cambiar a voluntad la fuerza del 'Impulso a fusionarse nuevamente en un
todo', que ellas encierran y que les es propia, de acuerdo con el grado de densidad de la
concentración de la masa.»
«Y aquí, en este espacio absolutamente vacío, le mostraré a Ud. antes que nada, el mismo
fenómeno no conforme a las leyes que observamos no hace mucho mientras nos hallábamos
fuera. Me refiero al fenómeno universal que tiene lugar cuando, después de un Djartklom
conforme a las leyes, las partes separadas del Okidanokh total se reúnen en un espacio
exterior al proceso conforme a las leyes, y, sin la participación de parte alguna, 'Se esfuerzan
por fusionarse nuevamente en
un todo único'».
Una vez que hubo pronunciado estas palabras, cerró en primer término aquella parte de la
superficie del Hrhaharhtzaha, cuya composición tenía la propiedad de permitir el paso de los
«rayos»; luego movió dos palancas y apretó un botón, e inmediatamente un platillo que se
hallaba sobre la mesa, hecho de cierto cemento especial, se movió automáticamente hacia los
carbones antes mencionados, después de lo cual, llamándome la atención sobre el
Amperímetro y el Voltímetro, agregó:
«Nuevamente he admitido de esta manera el flujo de las partes del Okidanokh, es decir, el
Anodnaticioso y el Cathodnaticioso de igual fuerza de 'impulso a fundirse nuevamente'».
Cuando miré al Amperímetro y al Voltímetro y vi que efectivamente sus agujas se movían,
deteniéndose en las mismas cifras en que, según había observado, se habían detenido la
primera vez, cuando nos hallábamos fuera del Hrahaharhtzaha, experimenté un gran asombro
debido a que, pese a lo que las agujas indicaban y a la indicación del Gornahoor Harharhk, yo
no había advertido ni percibido cambio alguno en el grado de visibilidad de mi percepción de
los objetos circundantes.
De modo pues, que sin esperar a escuchar lo que iba a explicarme, le pregunté:
«Pero, ¿por qué entonces no produce ningún efecto este 'impulso a fusionarse nuevamente en
un todo único' no conforme a las leyes, de las partes del Okidanokh?»
Antes de responderme, el Gornahoor Harharhk apagó la única lámpara que había encendida,
que funcionaba por medio de una corriente magnética especial.
Entonces mí sorpresa aumentó, porque pese a la oscuridad que sobrevino inmediatamente,
podía ver todavía claramente a través de las paredes del Hrhaharhtzaha, que las agujas del
Amperímetro y del Voltímetro, ocupaban todavía el mismo lugar que antes.
Sólo después de haberme acostumbrado relativamente a esta sorprendente comprobación, hizo
uso de la palabra el Gornahoor Harharhk:
«Ya le he dicho que la composición del material de que están hechas las paredes de esta
máquina en que nos hallamos en este momento, posee la propiedad de no permitir el paso de
ninguna vibración procedente de fuente alguna, con la excepción de ciertas vibraciones
procedentes de concentraciones próximas; y estas últimas vibraciones pueden ser percibidas
por los órganos de la vista de los seres tricerebrados y aun entonces, claro está, solamente de
los seres normales.»
«Más aún, de acuerdo con la ley conocida por el nombre de 'Heteratogetar', las vibraciones
del impulso Salnichizinooarniano o 'rayos', adquieren la propiedad de actuar sobre los órganos
perceptivos de los seres corrientes sólo después de haber transpuesto el límite que la ciencia
define en la siguiente forma: 'el resultado de la manifestación es proporcional a la fuerza del
impulso provocado por el choque.'»
«De este modo, como el proceso que nos ocupa, que es el choque de las dos partes del
Okidanokh, tiene una gran potencia, su resultado se manifiesta mucho más allá del lugar de su
origen.»
«¡Ahora fíjese!»
Al decir de esto apretó un botón y de pronto todo el interior del Hrhaharhtzaha se llenó de
aquella misma luz cegadora de que ya te he hablado, y que experimenté cuando me hallaba
fuera del Hrhaharhtzaha.
Esa luz, al parecer, era obtenida como resultado del hecho de que, al apretar el botón, el
Gornahoor Harharhk había abierto nuevamente aquella parte de la pared del Hrhaharhtzaha
que tenía la propiedad de permitir el paso de los rayos.
Como explicó más tarde, la luz sólo era una consecuencia del producto del «impulso a
fusionarse nuevamente en un todo único» de las partes del Okidanokh desarrolladas en aquel
espacio absolutamente vacío dentro del Hrhaharhtzaha y puestas de manifiesto merced a lo
que conocemos con el nombre de «reflexión» desde el exterior hacia el lugar de origen.
Después de lo cual continuó como sigue:«Ahora le demostraré las combinaciones mediante las cuales se producen los procesos del
Djartklom y del impulso a fusionarse nuevamente en un todo único de las partes activas del
Okidanokh en los planetas, a partir de lo que se conoce con el nombre de 'minerales', de los
cuales está formada su presencia interior; formaciones éstas definidas y de densidad diversa,
como por ejemplo, los 'mineraloides', 'gases', 'metaloides', etc., así como la forma en que estos
últimos se transforman más tarde, gracias a la acción de estos mismos factores, unos en otros,
y la forma en que las vibraciones procedentes de estas transformaciones vienen a constituir
finalmente aquella totalidad de vibraciones que proporciona a los planetas la posibilidad de su
estabilidad en el proceso del 'movimiento armonioso del sistema común.'»
«A fin de poder realizar esta demostración, deberé obtener primero, como siempre, los
materiales necesarios del exterior, y éstos me serán proporcionados por mis alumnos,
mediante ciertos dispositivos que han sido preparados de antemano».
Es interesante notar que, mientras me dirigía la palabra, daba golpecitos, al mismo tiempo,
con el pie izquierdo sobre cierto misterioso objeto, sumamente parecido a lo que tus favoritos
terráqueos llaman «transmisor Morse», famoso, por otra parte, en el planeta Tierra.
Unos instantes después, ascendió lentamente por la parte inferior del Hrhaharhtzaha un
pequeño objeto semejante a una caja transparente al igual que las paredes, dentro de la cual,
como se observó más tarde, había ciertos minerales, metaloides, metales, y diversos gases en
estado líquido y sólido.
Entonces, mediante la ayuda de diversos dispositivos colocados a un lado de la mesa, extrajo
de la caja, en primer término, tras complicadas maniobras, cierta cantidad de lo que llamamos
«cobre rojo» y lo colocó en el platillo antes mencionado, diciéndome estas palabras:
«Este metal constituye una cristalización planetaria definida y posee una de las densidades
requeridas para la mencionada estabilidad en el proceso denominado del movimiento
armonioso del sistema común. Es una formación resultante de procesos anteriores correspondientes
a la acción de las partes del Okidanokh Omnipresente; lo que yo deseo ahora es
permitir la transformación posterior de este metal en forma artificial y acelerada por medio de
las peculiaridades de dichos factores.»
«Mi propósito es ayudar artificialmente a la evolución e involución de sus elementos a una
mayor densidad, o sea, a una transformación regresiva a su estado original.»
«Para que le resulte más claro el cuadro objetivo de estos experimentos dilucidatorios, creo
necesario informarle ante todo, aunque sólo sea de forma somera, acerca de mis primeras
deducciones científicas personales, relativas a las pruebas de las causas y condiciones por
acción de las cuales se produce en los propios planetas la cristalización de las partes separadas
e individuales del Okidanokh en estas otras formaciones particulares.»
«Evidentemente, antes que nada, las partes separadas e individuales del Djartklom no
conforme a las leyes del Okidanokh Omnipresente que se encuentra presente en todos los
planetas, se localizan en el medio correspondiente a aquella parte de la presencia del planeta,
es decir, en aquel mineral que se hallaba, en aquel momento preciso, en el lugar donde se
produjo el Djartklom no conforme a las leyes.»
«De modo tal que, si lo que llamamos la 'vibración de la densidad de los elementos del medio
referido' posee una 'afinidad vibratoria' con la parte activa mencionada del Okidanokh
Omnipresente, de acuerdo con la ley universal del 'Ingreso Simétrico', esta parte activa se
fusionará con la presencia del medio mencionado, convirtiéndose en una parte inseparable del
mismo. Y a partir de ese momento, las partes correspondientes del Okidanokh Omnipresente
comenzarán a representar, juntamente con los referidos elementos del medio mencionado, las
densidades requeridas en los planetas, es decir, diversas clases de metaloides e incluso de
metales, como por ejemplo, el metal que he colocado en esta esfera y en la cual habrá de
producirse artificialmente, en este momento, la acción del impulso a fusionarse nuevamente
en un todo único, de las partes del Okidanokh, metal que se conoce, como ya le he dicho, por
el nombre de cobre rojo.»
«Además, habiéndose formado en los planetas de esta manera, dichos metaloides y metales,
comienzan entonces, de acuerdo con la ley común universal de la Alimentación recíproca de
todas las cosas existentes' —como es lo natural en todas las formaciones de cualquier
naturaleza sea que se desarrollen con la participación del Okidanokh o de una cualquiera de
sus partes activas— a irradiar de sus presencias los productos de su 'Intercambio de
sustancias' interior. Y como también es natural en las radiaciones de toda clase procedentes de
aquellas formaciones intraplanetarias que han adquirido en sus vibraciones la propiedad del
Okidanokh o de sus partes activas y que se encuentran en lo que llamamos el 'centro de
gravedad' de dichas formaciones, las radiaciones de estos metaloides y metales poseen ciertas
propiedades casi iguales a las del mismo Okidanokh o a las de algunas de sus partes activas.»
«Cuando estas masas de diferentes densidades se producen de este modo en los planetas, en
las condiciones normales del medio, comienzan a emitir de sus presencias comunes las
vibraciones requeridas por la mencionada ley universal 'de la alimentación recíproca de todo
lo existente', y entonces, entre estas vibraciones de diversas propiedades queda establecido,
gracias a la ley Universal Fundamental del Troemedekhfe, un contacto de acción recíproca.»
«Y el producto de este contacto constituye el factor principal en el cambio gradual de las
diversas densidades de los planetas.»
«Mis observaciones efectuadas a lo largo de muchos años han llegado a convencerme casi
plenamente de que sólo gracias al mencionado contacto y a sus productos es posible la
materialización del 'Equilibrio de estabilidad armoniosa entre los planetas.'»
«Este cobre rojo que he colocado en la esfera de mi materialización artificial de la acción de
las partes activas del Okidanokh, posee en este momento preciso lo que llamamos una
«densidad específica» que puede calcularse en cuatrocientos cuarenta y cuatro sobre la base
de la unidad de densidad del elemento sagrado Theomertmalogos, es decir, que el átomo de
este metal es cuatrocientas cuarenta y cuatro veces más denso y tantas veces menos
vivificante que el átomo del sagrado Theomertmalogos.»
«Ahora podrá observar el orden en que se suceden sus transformaciones aceleradas
artificialmente.»
Dicho lo cual, colocó en primer lugar, delante de mi órgano de la vista, un teskooano de
movimiento automático, encendiendo y apagando luego varios contactos en un orden
determinado y mientras yo miraba por el teskooano, me explicó lo siguiente:
«En este momento permito el 'influjo' de las tres partes del Okidanokh en la esfera que
contiene a este metal, y como las tres partes tienen la misma 'densidad' y por ende la misma
'fuerza de impulso', se fusionan nuevamente en un todo único dentro de esta esfera sin alterar
en absoluto la presencia del metal, y el Okidanokh Omnipresente así obtenido fluye en su
estado habitual mediante cierta conexión especial, hacia el interior del Hrhaharhtzaha, para
volver a concentrarse en el primer receptáculo que usted ya ha visto.»
«¡Ahora fíjese!»
«Aumento deliberadamente la fuerza del impulso de solamente una de las partes activas del
Okidanokh, por ejemplo, la fuerza llamada cathodniciosa.

Como consecuencia de esto, usted
verá cómo los elementos que componen la presencia del cobre comienzan a involucionar
hacia la calidad de las sustancias que componen las presencias ordinarias de los planetas.»
Al tiempo que me explicaba esto, estableció y desconectó diversos contactos siguiendo un
orden determinado.
Pese a que, querido nieto, miré entonces con suma atención todo lo que ocurría y todo cuanto
vi quedó impreso en mi esencia Testolnootiarnamente, esto es, para siempre, no obstante, ni
aun con el mejor deseo y la mejor disposición para hacerlo, podría describirte ahora con
palabras la centésima parte de lo que entonces aconteció en aquel pequeño fragmento de una
formación intraplanetaria definida.
Y no trataré de expresar con palabras lo que entonces vi porque se me acaba de ocurrir la
posibilidad de que pronto veas por ti mismo este extraño y asombroso proceso cósmico.
Pero por ahora me limitaré a decirte que lo que entonces sucedió en el fragmento de cobre
rojo fue algo semejante a aquellos cuadros aterradores que tuve ocasión de observar varias
veces entre tus favoritos del planeta Tierra a través de mi teskooano desde mi observatorio
instalado en Marte.
Digo bastante parecido porque lo que solía ocurrir entre tus favoritos sólo presentaba una
visibilidad susceptible de ser observada en su comienzo, en tanto que en el fragmento de
cuprita la visibilidad se mantenía constante hasta el final del proceso de transformación.
Puede trazarse un paralelo aproximado entre los procesos ocasionales que se desarrollan en el
planeta de tu predilección y los que tuvieron lugar en aquel pequeño fragmento de cobre.
Pues, si te hallaras situado a una gran altura, mirando hacia abajo a una enorme plaza pública
donde millares de tus favoritos, víctimas de la más intensa de sus psicosis colectivas, se
destruyesen unos a otros por toda clase de medios ideados por ellos mismos exclusivamente
con ese fin, y que inmediatamente aparecieran en esos lugares los llamados «cadáveres», los
cuales, debido a las heridas infligidas por los seres que no han sido destruidos todavía,
cambiaran de color de forma ostensible, como resultado de lo cual la visibilidad general de la
superficie de dicha plaza fuera transformándose gradualmente, podrías hacerte una idea de
aquel espectáculo que vieron mis ojos.
Entonces, querido nieto, el que más tarde habría de ser mi íntimo amigo, el Gornahoor
Harharhk, permitiendo o impidiendo sucesivamente la acción del influjo de las tres partes
activas del Okidanokh y alterando luego la fuerza del impulso, alteró la densidad de los elementos
de dicho metal, transformando el cobre, de esta manera, en todos los demás metales
intraplanetarios de naturaleza definida y de inferior o superior grado de poder vivificante.
Y es interesante hacerte notar aquí, a fin de que puedas comprender cabalmente el extraño
carácter del psiquismo de aquellos seres tricerebrados que han despertado tu curiosidad, que
mientras el Gornahoor Harharhk producía, con la ayuda de su nuevo invento, de forma artificial
y deliberada, la evolución e involución de la densidad y del poder vivificante de los
elementos del cobre, advertí con toda claridad que este metal se transformaba, en una de las
etapas del proceso, precisamente en aquel mismo metal que tantos devaneos ha motivado en
tu planeta favorito, durante todas las edades, por la frustrada esperanza de transformar los
demás metales en éste, y que recibe allí el nombre de «oro».
El oro no es sino el metal que nosotros llamamos Prtzathalavr, cuyo peso específico —
comparándolo con el elemento del sagrado Theomertmalogos, es de 1449—, es decir, que este
elemento es un poco más de tres veces menos vivificante que el elemento cobre.
La razón por la cual decidí repentinamente no tratar de explicarte con detalle todo lo que tuvo
lugar en el fragmento de cobre, en vista de la posibilidad de que pronto pudieras ver por u
mismo en formaciones intraplanetarias definidas los procesos de las diversas combinaciones
de las manifestaciones de las panes activas del Okidanokh, fue porque recordé de pronto la
amabilísima promesa que el Conservador de todos los Cuartos, el Altísimo Archiquerubín,
Peshtvogner, me había hecho con anterioridad.
De hecho, esta promesa me fue concedida inmediatamente después de regresar de mi exilio,
con ocasión de mi presentación ante Su Excelencia el Conservador de todos los Cuartos, el
Archiquerubín Peshtvogner cuando me postré de rodillas ante él para ejecutar lo que
llamamos la «Sagrada Esencia Aliamizoornakalu».
Y si tuve que hacer esto fue debido también a los pecados de mi juventud. Cuando obtuve el
perdón de SU ETERNIDAD UNIEXISTENTE y el permiso para volver a mi tierra natal,
ciertos Individuos Sagrados decidieron exigirme, por cualquier circunstancia, que ejecutara
sobre mi esencia este sagrado proceso a fin de que no pudiera manifestarme en lo sucesivo de
la misma forma que en los días de mi ya lejana juventud, y para que ello no se diera tampoco
en la Razón de la mayoría de los individuos residentes en el centro del Gran Universo.
Quizás tú ignores todavía qué significa la ejecución del Aliamizoornakalu sagrado. Más
adelante te lo explicaré con detalle, pero por ahora me limitaré a repetir las palabras de
nuestro tan estimado Mullah Nassr Eddin, quien resume este proceso como la acción de «dar
la palabra de honor de no meter la nariz en los asuntos de las autoridades».
En resumen, cuando me presenté ante su Excelencia el Conservador de todos los Cuartos, éste
condescendió a preguntarme entre otras cosas, si había traído conmigo todos los productos
eserales en cuya investigación me había ocupado durante el exilio y que había reunido en el
transcurso de mis viajes por los diversos planetas de aquel sistema solar.
Le contesté que había traído casi todo, salvo los grandes aparatos que mi amigo el Gornahoor
Harharhk había construido para mí en el planeta Marte.
Entonces su Excelencia prometió inmediatamente dar las órdenes necesarias para que todo lo
que yo indicase fuera traído en la primera oportunidad en que la nave espacial Omnipresente
efectuase un viaje por aquellos rincones del universo.
Es por esto, querido niño, por lo que tengo la esperanza de que sea traído todo lo necesario a
nuestro planeta Karatas, cuando nosotros regresemos a él, a fin de que puedas ver todo con tus
propios ojos; entonces, ten la seguridad de que habré de explicarte prácticamente todo, hasta
el menor detalle.
Mientras tanto, durante nuestro viaje espacial a bordo de la nave Kamak, voy a contarte, tal
como te prometí, acerca de mis descensos a tu planeta favorito, según el orden en que se
efectuaron, así como las causas que me movieron a hacerlos.

FIN DE CAPÍTULO 18 DEL LIBRO PRIMERO.

LIBRO PRIMERO CAPÍTULO 18 (1)



RELATOS DE BELCEBÚ A SU NIETO
 LIBRO PRIMERO CAPÍTULO 18
 GEORGE I. GURDJIEFF

TRADUCCIÓN DE VIDEOS AL ESPAÑOL

Capítulo 18
EL ARCHIPENÚLTIMO

Y Belcebú continuó así:
—El motivo de mi primer encuentro con aquel ser tricentrado que habría de convertirse más tarde en un amigo íntimo y gracias a quien pude ver los referidos experimentos con el Okidanokh omnipresente, fue el siguiente: Para que puedas representarte mejor los hechos que en mi historia se refieren, deberás saber, ante todo, que en los primeros tiempos de mi exilio en aquel distante sistema solar, ciertos amigos íntimos míos que no habían tomado parte en aquellos sucesos que motivaron mi exilio, ejecutaron, con respecto a mi personalidad, aquel sagrado proceso conocido en el Universo con el nombre de «Sagrado Vznooshlitzval», es decir, que fue implantada en la
presencia de esos seres tricerebrados, con respecto a mi personalidad y por medio de otro
sagrado proceso denominado «Askalnooazar» eso que la Ciencia Objetiva define con la
fórmula «Confía en alguien como tú».
Pues bien, después de mi llegada a aquel sistema solar de Ors, cuando empecé a visitar los
diversos planetas que formaban parte del mismo, efectuando mi primer descenso en la
superficie del planeta Saturno, resultó ser que, en relación con lo anterior, uno de los seres que
había experimentado la sagrada acción del «Vznooshlitzval» con respecto a mi persona, era lo
que allí se llama el «Harahrahroohry» de todos los seres tricerebrados que habitan el planeta
Saturno.
En el planeta Saturno, se le da el nombre de «Harahrahroohry» al jefe supremo de todos los
demás seres que integran la comunidad.
Existen jefes similares en todos los demás planetas habitados por seres tricerebrados; en los
diferentes planetas reciben distintos nombres; en la Tierra, por ejemplo, se llaman «Reyes».
La única diferencia es que mientras en todas las demás partes del Universo, e incluso en todos
los otros planetas de ese mismo sistema solar, existe uno de estos reyes para todo el planeta,
en el peculiar planeta Tierra —que ha captado tu atención— hay un rey distinto para cada
grupo segregado independientemente del resto y a veces, incluso, hasta más de uno para cada
grupo. Pues bien.
Cuando descendí por primera vez sobre la superficie del planeta Saturno, mezclándome con
los seres tricerebrados que allí habitan, acertó a suceder que al día siguiente tuve oportunidad
de encontrar en persona al «Harahrahroohry» del planeta Saturno, y durante lo que se llama
un «Intercambio de opiniones subjetivas», me invitó a hacer de su propio «Harhoory» esto es,
su propio palacio, el principal lugar de mi existencia durante toda mi estancia en su planeta. Y
eso fue lo que hice.
De modo pues, querido niño, que en cierta oportunidad en que hablábamos de diversas cosas
sin un tema fijado de antemano, rigiéndonos tan sólo por lo que se denomina «mentación
asociativa eseral», acertamos a tratar, entre otras cosas, cierto problema referente a los
extraños resultados materializados en las manifestaciones de las particularidades del
Okidanokh omnipresente, y entonces el venerable «Harahrahroohry» del planeta Saturno
declaró en primer lugar que uno de sus súbditos expertos en la materia, de nombre Harharhk,
había ideado recientemente, para la dilucidación de muchas propiedades de la sustancia
cósmica inexplicada todavía, un sistema en extremo interesante llamado «Rhahrahr», cuya
principal parte demostrativa era denominada «Hrhaharhtzaha».
Y a continuación se ofreció a tomar, si yo así lo deseaba, todas las disposiciones necesarias
para mostrarme todos aquellos nuevos inventos y para darme todas las explicaciones
pertinentes al respecto.
El resultado de todo ello fue que al día siguiente, escoltado por un miembro de la venerable
corte del «Harahrahroohry» me dirigí al lugar de residencia de aquel Gornahoor Harharhk,
donde pude ver por primera vez aquellos novísimos experimentos dilucidatorios con el
Okidanokh omnipresente.
El Gornahoor Harharhk, que más tarde se convirtió, como ya te he dicho, en mi amigo íntimo,
era considerado por entonces entre los seres tricerebrados ordinarios de todo el universo, uno
de los más prominentes científicos y todas sus comprobaciones, así como los aparatos
dilucidatorios que había ideado, se hallaban ampliamente difundidos por todas partes, siendo
su uso cada vez más frecuente en los demás planetas, por parte de los expertos que en ellos
habitaban.
No estará de más destacar aquí que, gracias tan sólo a su sabiduría, pude disponer más tarde,
en mi observatorio instalado en el planeta Marte, de aquel Teskooano que me permitió
percibir las concentraciones cósmicas remotas o, como también suele decirse, «aproximar su
visibilidad» siete millones doscientas ochenta y cinco veces.
En rigor, fue precisamente gracias a este Teskooano, como mi observatorio llegó a ser
considerado más tarde una de las mejores instalaciones de su tipo en el universo entero y, lo
que es aún más importante, fue por medio de ese Teskooano como yo mismo pude ver y
observar con relativa facilidad, incluso sin moverme de mi casa en el planeta Marte, los
procesos eserales que tenían lugar en la superficie de aquellas partes de los demás planetas de
aquel sistema solar que, de acuerdo con lo que se llama el «Movimiento Armonioso cósmico
común», podían ser percibidas por la vista del ser en el momento oportuno.
Cuando el Gornahoor Harharhk tuvo conocimiento de quiénes éramos y por qué habíamos
venido, se aproximó a nosotros amablemente y, sin más, comenzó sus explicaciones.
Antes de iniciarlas, considero oportuno advertirte de una vez por todas que todas mis
conversaciones con los diversos seres tricentrados que habitan en los muchos planetas de
aquel sistema donde me vi obligado a residir por los «Pecados de mi juventud» —como por
ejemplo en el caso actual, las conversaciones con este Gornahoor Harharhk que te contaré
dentro de algunos instantes mientras nos desplazamos por los espacios espaciales en nuestra
nave Karnak— tuvieron lugar en dialectos que todavía te son completamente desconocidos y
algunas veces incluso, en dialectos tales que las consonancias de los mismos eran
absolutamente «indigeribles» para la percepción de las funciones eserales normales destinadas
a ese fin.
De modo pues, querido niño, que en vista de todo esto no he de repetirte estas conversaciones
palabra por palabra, sino que sólo me limitaré a darte el sentido de lo que en ellas se dijo,
continuando, claro está, con el empleo de aquellos términos y «nombres específicos», o mejor
dicho, de aquellas consonancias producidas por lo que se conoce con el nombre de «cuerdas
vocales eserales», consonancias que son utilizadas por tus favoritos del planeta Tierra, por lo
cual ya te has familiarizado perfectamente con ellas, gracias a la continua repetición de las
mismas durante mis relatos terráqueos.
Sí... debo hacerte notar aquí que la palabra Gornahoor implica en el uso lingüístico de los
seres tricerebrados que habitan el planeta Saturno, un tratamiento de cortesía; los habitantes
de Saturno pronuncian esta palabra delante del nombre del individuo a quien se dirigen.
Lo mismo sucede con tus favoritos del planeta Tierra.
También ellos han agregado al nombre de todo el mundo la palabra «Señor» o a veces, toda
una frase sin sentido para expresar una idea que nuestro honorable Mullah Nassr Eddin ha
formulado de la manera siguiente y que dice así:
«No obstante lo cual, hay en ella más realidad que en las sabihondeces de un experto en
monerías.»
Pues bien, entonces querido nieto...


Cuando el que más tarde habría de ser mi amigo íntimo, el Gornahoor Harharhk, fue
informado de lo que deseábamos de su parte, nos invitó con una seña a que nos
aproximáramos a uno de los dispositivos especiales que había construido y que, según supe
más tarde, se llamaba «Hrhaharhtzaha».
Una vez que nos hubimos acercado a aquel extraño aparato, lo señaló con una aguda pluma de
su ala derecha, diciendo:
«Este dispositivo especial es la parte principal de mi nuevo invento pues es precisamente en
éste donde se muestran las manifestaciones de casi todas las peculiaridades de la
Omnipresente Sustancia del Mundo, el Okidanokh.»
Y, señalando todos los demás accesorios especiales presentes también en el Khrh, agregó:
«Gracias a todos estos accesorios especiales e independientes de mi invento, logré realizar
importantísimas dilucidaciones acerca del Okidanokh omnipresente y omniabarcante,
obteniendo, en primer término, las tres partes fundamentales del Okidanokh Omnipresente a
partir de toda clase de procesos subplanetarios e intraplanetarios, fundiéndolas luego
artificialmente en un todo único y disociándolas luego, en segundo término, con medios
artificiales, a fin de establecer las propiedades específicas de cada parte por separado en sus
manifestaciones naturales.»
No bien hubo dicho esto, volvió a señalar el Hrahaharhtzaha, y agregó que por medio de este
aparato revelador, no sólo podía comprender claramente cualquier ser ordinario los detalles de
las propiedades de las tres partes absolutamente independientes —que nada tienen en común
en su manifestación— de todo el Elemento Activo Único, cuyas particularidades constituyen
la causa principal de todo cuanto existe en el Universo, sino que también cualquier ser
ordinario podía convencerse categóricamente de que ningún resultado de ninguna clase,
obtenido normalmente como consecuencia de los procesos que se desarrollan mediante esta
sustancia universal omnipresente podría jamás ser percibido o captado por ningún ser; existen
sin embargo, ciertas funciones eserales capaces de percibir sólo aquellos resultados de los
mencionados procesos que se desarrollan, por una u otra razón, de forma anormal, debido a
causas que tienen su origen en el exterior y que pueden proceder de fuentes conscientes, o
bien de resultados mecánicos accidentales.
La parte del nuevo invento del Gornahoor Harharhk llamada Hrhaharhtzaha y considerada por
su creador como la más importante, tenía un aspecto muy semejante a nuestro «Tirzikiano», o,
como tus favoritos dirían, a una «enorme lámpara eléctrica».
El interior de esta estructura especial era bastante semejante al de una pequeña habitación
cuya puerta pudiera cerrarse herméticamente.
Las paredes del dispositivo original estaban hechas de cierto material transparente y su
aspecto me recordó lo que en tu planeta llaman «Vidrio».
Como supe más tarde, la principal característica de dicho material transparente era que, si
bien mediante el órgano de la vista podía percibirse a través del mismo la visibilidad de toda
clase de concentraciones cósmicas, ningún otro rayo, de ninguna naturaleza, podía
atravesarlo, ya fuera del interior hacia el exterior o viceversa.
Mientras contemplaba dicha parte de esta sorprendente invención, pude distinguir
perfectamente a través de sus translúcidas paredes, en el centro mismo del aparato, una mesa
y dos sillas; sobre la mesa colgaba lo que se llama una «lámpara eléctrica» y debajo, tres
«cosas» exactamente iguales, semejantes al «Momonodooar».
Sobre la mesa y a sus lados había diseminados varios aparatos diferentes e instrumentos que
yo no conocía.
Más tarde se hizo evidente que los objetos contenidos en este Hrhaharhtzaha, así como todo lo
que después tuvimos que ponernos, estaban hechos de materiales especiales inventados por el
mismo Gornahoor Harharhk.
También en lo referente a estos materiales tendrás que esperar el tiempo oportuno para que te
proporcione otras explicaciones más detalladas.
Por ahora, ten presente que en el enorme Khrh o taller del Gornahoor Harharhk había, además
del Hrhaharhzaha ya mencionado, otros muchos accesorios independientes de considerable
tamaño y, entre ellos, dos especiales de los llamados «Lifechakanks», que el Gornahoor
llamaba con el nombre de «Krhrrhihirhi».
Quizás te interese saber que tus favoritos terráqueos, también poseen algo parecido a este
«Lifechakank» o «Krhrrhihirhi». Allí le dan el nombre de «dinamo».
También había allí, aparte de esto, otro considerable aparato independiente que, según
pudimos comprobar más tarde, no era otra cosa que un «Soloobnorahoona» de construcción
especial o, como dirían tus favoritos, una «Bomba de construcción compleja para la reducción
de la atmósfera al punto del vacío absoluto.»
Mientras yo observaba todas esas máquinas con la sorpresa que es de imaginar, el Gornahoor
Harharhk en persona se acercó a la referida bomba de construcción especial y con su ala
izquierda movió una de sus partes, como resultado de lo cual comenzó a funcionar cierto
mecanismo en el interior de la bomba. Entonces se acercó a nosotros nuevamente y,
señalando con la misma pluma del ala derecha de la primera vez el Lifechakan mayor o
Krhrrhihirhi o dinamo, prosiguió con sus explicaciones.
Por medio de este dispositivo especial son succionadas por separado, de la atmósfera o de
cualquier otra formación intraplaneraria o supraplanetaria, en primer término, las tres partes
independientes del Elemento Activo Omnipresente Okidanokh que en ellas se encuentran, y
sólo después, cuando mediante cierto procedimiento estas partes independientes vuelven a
fundirse artificialmente en el Krhrrhihirhi formando un todo único, el Okidanokh, ahora en su
estado habitual, fluye y se concentra allí, en ese a manera de contenedor, dijo el Gornahoor
Harharhk y luego, nuevamente con aquella pluma especial del ala derecha, señaló algo muy
parecido a lo que suele llamarse un «generador».
«Y entonces desde allí», dijo, «el Okidanokh fluye hacia otro Krhrrhihirhi o dínamo donde
sufre el proceso del Djartklom y cada una de sus partes separadas se concentra luego en
aquellos otros contenedores» —y esta vez señaló ciertos dispositivos con el aspecto de
«acumuladores». «Y sólo entonces tomo de estos segundos contenedores, por medio de
diversos dispositivos artificiales cada parte activa del Okidanokh por separado, a los fines de
mis experimentos dilucídatenos.
«Primero os demostraré», continuó, «uno de los fenómenos que ocurren cuando, por una u
otra razón, una de las partes activas del Okidanokh omnipresente, se halla ausente durante el
proceso de su 'impulso a fusionarse nuevamente', en un todo único».
«En este momento, esta estructura especial contiene en su interior un espacio que consiste
realmente en un vacío absoluto; éste ha sido obtenido sólo gracias, en primer lugar, a la
estructura especial de la bomba de succión y a los materiales de calidad especial de que están
hechos los instrumentos utilizados, sin lo cual los experimentos de obtención de un vacío
absoluto no serían posibles, y, en segundo lugar, a las propiedades y a la fuerza del material
de que están hechas las paredes de esta parte de mi nuevo invento.»
No bien dijo esto, movió otra palanca, reanudando sus explicaciones:
«Con el movimiento de esta palanca se inicia un proceso en este vacío mediante el cual se
obtiene, en las partes separadas del Okidanokh omnipresente lo que denominamos el 'impulso
a fusionarse nuevamente en un todo único.'»
«Pero puesto que queda excluida deliberada y artificialmente por medio de una 'Razón Apta
—en este caso concreto, yo mismo— la participación de aquella tercera parte del Okidanokh
que se conoce por el nombre de 'Parjrahatnatioose' de dicho proceso, éste se desarrolla ahora
sólo entre dos de sus partes, es decir, entre aquellas dos partes independientes designadas por
la ciencia con los nombres de Adodnatious' y 'Cathodnatious'. Y en consecuencia, en lugar de
obtenerse los resultados necesarios conforme a las leyes de dicho proceso, se materializa
ahora aquél no conforme a las leyes que ha sido denominado 'el resultado del proceso de la
destrucción recíproca de dos fuerzas opuestas' o para expresarlo con las palabras de los seres
ordinarios 'la causa de la luz artificial.'»

«El 'impulso a fusionarse nuevamente en un todo único' de dos partes activas del Okihanokh
omnipresente que tiene lugar en este momento en el vacío producido por la bomba, posee una
fuerza equivalente, según los cálculos de la ciencia objetiva, a tres millones cuarenta mil
'voltios', como suele llamárselos, y esta fuerza es indicada por la aguja de aquel accesorio
especial que se ve allí.»
Señalando cieno objeto muy semejante a un aparato que también existe en la Tierra —donde
se conoce con el nombre de «voltímetro»— declaró:
«Una de las ventajas de este nuevo invento para la demostración del fenómeno que nos ocupa
es que, pese al inusitado poder del proceso de la 'fuerza de impulso', que tiene lugar en este
momento, las llamadas 'vibraciones Salnichizinooarnianas' que la mayoría de los seres
consideran como 'rayos' y que debieran obtenerse a partir de este proceso, no salen del lugar
de su producción, es decir, fuera del dispositivo destinado a dilucidar las características del
Okidanokh Omnipresente».
«Y a fin de que los seres situados en el exterior de esta parte de mi invento tengan también la
posibilidad de apreciar la fuerza de dicho proceso, determiné deliberadamente que en cierto
punto el material de que está hecha la pared fuera tal que permitiese el paso de las
mencionadas 'Vibraciones Salnichizinooarnianas' o 'rayos'».
No bien dijo esto, se acercó al Hrahaharhtzaha y oprimió cierto botón. El resultado fue que el
enorme Khrh o «taller», en todas sus vastas dimensiones, fue iluminado repentinamente con
tanta intensidad que nuestros órganos de la vista dejaron de funcionar temporalmente y sólo
después de un tiempo considerable pudimos, si bien con gran dificultad, levantar los párpados
y mirar alrededor.
Una vez que nos hubimos recobrado y el Gornahoor Harharhk movió otra palanca, como
resultado de lo cual todo el espacio circundante volvió a recobrar su aspecto anterior, aquél,
con su habitual voz angelical, volvió a atraer nuestra atención, hacia el «voltímetro», cuya
aguja indicaba constantemente alguna cifra, retomando entonces el uso de la palabra:
«Como veis, si bien continúa todavía el proceso de choque de dos partes componentes
opuestas del Okidanokh Omnipresente de la misma potencia o 'fuerza de impulso', y también
la parte de la superficie de esta estructura dotada de la propiedad de permitir el paso de dichos
'rayos' permanece abierta todavía, no se produce ya el fenómeno que los seres ordinarios
definen con la frase 'las causas de la luz artificial'».

«Y este fenómeno ha cesado de producirse tan sólo debido a que mediante mi último
movimiento de la palanca, introduje en el proceso de choque de las dos partes componentes
del Okidanokh una corriente de la tercera componente independiente del Okidanokh, la cual
comenzó a fusionarse proporcionalmente con las otras dos partes, debido a ello el resultado
obtenido de este tipo de fusión de las tres partes componentes del Okidanokh Omnipresente
—a diferencia del proceso de la fusión no conforme a la ley de sus dos partes— no puede ser
percibido por los seres tricerebrados con ninguna de sus funciones eserales.»
Después de todas estas explicaciones el Gornahoor Harharhk propuso entonces que probara a
entrar con él en la parte demostrativa de su nuevo invento, a fin de que pudiera ser testigo, allí
dentro, de múltiples manifestaciones particulares del Elemento Activo Omnipresente y
Omniabarcante.
Claro está que sin detenerme a reflexionar largo tiempo, me decidí inmediatamente, dándole
mi consentimiento.
Y si me decidí sin más fue, principalmente, porque esperaba obtener de aquella experiencia
una inalterable e imperecedera «satisfacción esencial objetiva» para mi ser.
Una vez que hube dado mi consentimiento al que había de ser íntimo amigo mío en un futuro
cercano, éste impartió inmediatamente las instrucciones necesarias a uno de sus ayudantes.
Al parecer, era indispensable realizar diversos preparativos antes de poder alcanzar la
materialización de lo que el sabio se proponía.
En primer término, los ayudantes nos colocaron al Gornahoor Harharhk y a mí unos trajes
muy pesados, semejantes a los que tus favoritos del planeta Tierra llaman «traje de buzo»,
pero con muchas pequeñas cabezas como «tuercas», sobresaliendo, y una vez que nos
hubimos colocado tan extraños trajes, sus ayudantes ajustaron las cabezas de dichas tuercas
siguiendo cierto orden.
En el lado interno de estos trajes de buzo, en los extremos de las como tuercas, había, al
parecer, una especie de platillos especiales que presionaban contra ciertas partes de nuestro
cuerpo planetario de un modo determinado.
Más tarde pude comprender claramente por qué era esto necesario. De este modo se impedía
que nuestros cuerpos planetarios sufrieran lo que se conoce con el nombre de
«Taranooranura» o, como también podría expresarse, que nuestros cuerpos planetarios
quedaran destruidos, como suele acontecer a las formaciones interplanetarias de cualquier
naturaleza cuando aciertan a caer en espacios privados de atmósfera.
Además de esos trajes especiales, nos colocaron en la cabeza cierto objeto semejante a lo que
se conoce con el nombre de «escafandra», pero dotado de ciertos «conectores» en extremo
complicados.
Uno de estos conectores llamado «Harhrinhrarh», lo cual significa «sustentador del pulso»,
era de considerable longitud y semejante a un tubo de goma. Uno de sus extremos se hallaba
herméticamente adherido por medio de complicados accesorios colocados a la escafandra
misma en el punto correspondiente a los órganos de la respiración, en tanto que el otro
extremo, una vez que hubimos penetrado en el extraño Hrhaharhtzaha fue atornillado a cierto
aparato, el cual fue conectado a su vez con el espacio, cuya «presencia» correspondía al alimento
eseral secundario.
Entre el Gornahoor Harharhk y yo existía también un conector especial a través del cual
podíamos comunicarnos fácilmente mientras nos hallábamos en el interior del Hrhaharhtzaha,
de donde la atmósfera era extraída por la bomba para obtener el vacío.
Un extremo de este conector, asimismo, por medio de ciertos dispositivos situados en la
escafandra, se hallaba adecuado en cierta forma a mis órganos del oído y del habla, en tanto
que el otro extremo se hallaba adecuado a los mismos órganos del Gornahoor Harharhk.
De este modo, por medio de este conector tendido entre el que tiempo después habría de ser
mi más íntimo amigo y yo, se estableció, como tus favoritos del planeta Tierra dirían, una
especie de peculiar «teléfono».
Sin este dispositivo no hubiéramos podido comunicarnos de ninguna manera, principalmente
debido a que el Gornahoor Harharhk era por entonces todavía un ser dotado de una presencia
perfeccionada tan sólo al grado del «Inkozarno Sagrado»; y como tú sabrás, un ser con una
presencia de este tipo no sólo no puede manifestarse a sí mismo en un espacio absolutamente
vacío, sino que ni siquiera puede existir en el mismo, aun cuando le sean introducidas
artificialmente las tres categorías de alimentos eserales.
Pero el más «curioso» y, como suele decirse, el más «ingenioso» de todos los conectores
instalados con diversos fines en aquellos trajes y escafandras como de buzo, era el conector
creado por el gran sabio Gornahoor Harharhk para permitir al «órgano de la vista» de los
seres ordinarios la percepción de la visibilidad de toda clase de objetos circundantes en un
«espacio absolutamente vacío».
Uno de los extremos de este sorprendente conector se hallaba adherido en cierta forma
también, por medio de accesorios existentes en las escafandras, a nuestras sienes, en tanto que
el otro extremo se unía a lo que se conoce por el nombre de «Amskomoutator», el cual, a su
vez, estaba unido de cierta manera particular, por medio de lo que se conoce con el nombre de
«alambres» a todos los objetos situados dentro del Hrhaharhtzaha, así como a los del exterior,
es decir, a todos aquellos objetos cuya visibilidad era necesaria durante la ejecución de los
experimentos.
Es sumamente interesante notar aquí, que a cada extremo de ese dispositivo —creación ésta
casi increíble tratándose de la Razón Ordinaria de un ser tricerebrado— llegaban dos
conectores independientes, también de alambre, a través de los cuales fluían desde el exterior
ciertas corrientes magnéticas especiales.
Como me explicaron más tarde, estos conectores y dichas «corrientes magnéticas» especiales
habían sido creadas, al parecer, por ese verdaderamente gran sabio Gornahoor Harharhk, a fin
de que las presencias de los seres tricerebrados educados —aun aquellos, sin embargo, que no
se habían perfeccionado todavía hasta la etapa del Inkozarno sagrado— pudieran, gracias a
cierta propiedad de la «corriente magnética» «reflejarse» sobre sus propias esencias y,
de gracias a otra propiedad de esta corriente, pudiera también «reflejarse» la presencia de los


objetos mencionados, de modo tal que, de esta forma, la percepción de la realidad de dichos
objetos se materializase por medio de los imperfectos órganos de la vista eseral en un vacío
desprovisto de todos estos factores y de aquellos productos de las diversas concentraciones
cósmicas que han recibido aquellas vibraciones, sin cuya materialización es totalmente
imposible el funcionamiento de órgano eseral alguno.
Una vez que nos hubieron equipado con los pesados accesorios mencionados, destinados a
permitir la vida de los seres en una esfera inadecuada para ellos, los ayudantes de este todavía
no superado sabio universal Gornahoor Harharhk, mediante la ayuda, nuevamente, de
accesorios especiales, nos condujeron al interior del propio Hrhaharhtzaha; y una vez que
hubieron atornillado todos los extremos libres de los conectores situados en el interior de
nuestro equipo y que correspondían a las máquinas contenidas en el Hrhaharhtzaha mismo,
salieron, cerrando herméticamente detrás de ellos la única salida por donde podía establecerse
todavía contacto con lo que se llama el «Mundo unitario omnirepresentado».
Una vez que estuvimos solos en el Hrhaharhtzaha, el Gornahoor Harharhk, después de apretar
un «botón», dijo:
«La bomba ya ha empezado a funcionar y pronto habrá extraído todos los productos sin
excepción que aquí se encuentran, derivados de los procesos cósmicos cuyos resultados en
conjunto representan la base y la significación, así como el propio proceso del mantenimiento
de la existencia de todo cuanto existe en este Mundo unitario omnirepresentado».
Y agregó entonces en un tono a medias sarcástico: «Pronto nos hallaremos absolutamente
aislados de todas las cosas que existen y actúan en el Universo entero; pero, por otro lado,
debido en primer término a mi nuevo invento y, en segundo término, al conocimiento que ya
hemos alcanzado de nosotros mismos, no sólo poseemos ahora la posibilidad de regresar a
dicho mundo para volvernos nuevamente una partícula más de todo cuanto existe, sino que
también pronto tendremos el honor de convertirnos en testigos presenciales y neutros de
ciertas leyes que gobiernan este Mundo, las cuales, para los seres tricentrados ordinarios no
iniciados, constituyen, según su expresión, los grandes insondables misterios de la Naturaleza,
que no son en realidad más que consecuencias naturales y simples, automáticamente encadenadas
las unas a las otras».
Mientras así hablaba, podía advertirse que la bomba —otra parte también sumamente
importante de su nuevo invento— se hallaba en pleno y perfecto cumplimiento de la labor que
le había sido asignada por este ser dotado de Razón.
A fin de que puedas representarte y comprender mejor la perfección de esta parte del
dispositivo total del nuevo invento del Gorna-hoor Harharhk, no omitiré decirte lo siguiente:
Aunque yo personalmente, como ser tricerebrado que soy, he tenido antes muchas ocasiones,
debido a ciertas razones sumamente particulares, de visitar espacios carentes de atmósfera y
he tenido luego que vivir, a veces durante largo tiempo, por medio del sagrado Kreemboolazoomara
exclusivamente, y si bien, gracias a la frecuente repetición se había formado
finalmente en mi presencia el hábito de moverme de una esfera a otra gradualmente y casi sin
experimentar incomodidad alguna ante el cambio producido en la presencia del «alimento
eseral secundario» por efecto de la transformación de las presencias de las sustancias
cósmicas que habían sido alteradas y que siempre se encuentran rodeando tanto a las
constituciones cósmicas grandes como a las pequeñas, y también, si bien las causas mismas
de mi nacimiento y posterior proceso eseral fueron dispuestas de forma enteramente
particular, como resultado de lo cual las diversas funciones eserales contenidas en mi
presencia común debieron, por fuerza, especializarse paulatinamente, no obstante todo ello, la
extracción de la atmósfera por parte de la «bomba» tuvo lugar en aquel momento con tanta
fuerza que se imprimieron en las distintas partes de mi presencia total tales sensaciones que
hasta el día de hoy puedo recordar todavía perfectamente el proceso del flujo de mi estado en
aquellas circunstancias, y relatártelo con todo detalle.
Este estado en extremo extraño se apoderó de mí no bien hubo hablado el Gornahoor
Harharhk en aquel tono a medias sarcástico acerca de la situación en la que nos
encontrábamos.
En mis tres «centros eserales» es decir, en los tres centros localizados en la presencia de todos
los seres tricerebrados del Universo, y que se conocen por los nombres de centros del
«Pensamiento», «Sentimiento» y «Movimiento», comenzaron a ser percibidas
independientemente en cada uno de ellos, de forma sumamente extraña e insólita, ciertas
impresiones definidas de que en las distintas partes de mi cuerpo planetario total se estaba
desarrollando un proceso independiente del sagrado «Rascooarno», y de que las
cristalizaciones cósmicas que componían las presencias de estas partes estaban actuando «en
vano».
En un primer momento, lo que llamamos «iniciativa de comprobación» se desarrolló de la
forma habitual, en conformidad con lo que designamos el «centro de gravedad de las
experiencias asociativas», pero momentos después, cuando esta iniciativa de comprobación de
todas las cosas se convirtió gradual y casi imperceptiblemente en la función exclusiva de mi
esencia, esta última no sólo pasó a ser el único agente iniciador omniabarcante de la
comprobación de todas las cosas que en mí se desarrollaban, sino que también todas las cosas,
sin exceptuar a la que ahora comenzaba a desarrollarse, comenzaron a ser percibidas y fijadas
por la esencia de mi ser.
Desde el momento en que la esencia de mi ser comenzó a percibir las impresiones de forma
directa y a comprobar independientemente aquello que les daba origen, empezaron a ser
destruidas por completo, por así decirlo, en mi presencia común, primero las panes de mi
cuerpo planetario y después, poco a poco, también las localizaciones del «primero»,
«segundo» y «tercer» centro eseral. Al mismo tiempo, pude comprobar claramente que la
función de estos dos últimos centros se había desplazado paulatinamente a mi «centro del
pensamiento» adecuándose al mismo, con el resultado de que el «centro del pensamiento» se
convirtió, con la mayor intensidad de su función, en el «único perceptor potente» de todo lo
que se materializaba fuera del mismo, así como en el agente iniciador autónomo de la
verificación de todo cuanto acontecía en mi presencia total y también fuera de ella.
Mientras tenía lugar en mí esta extraña y todavía para mi Razón, incomprensible experiencia
eseral, el propio Gornahoor Harharhk estaba sumamente atareado moviendo «palancas» y
apretando «botones», que por cierto abundaban alrededor de la mesa a la cual estábamos
sentados.
Cierto incidente que le aconteció al Gornahoor Harharhk, alteró fundamentalmente toda esta
experiencia eseral mía y en mi presencia común volvió a desarrollarse la «experiencia eseral
interior» habitual.
Esto es lo que sucedió:
El Gornahoor Harharhk, con toda su insólita y pesada indumentaria, se encontró de pronto a
cierta altura sobre la silla, comenzando a flotar al igual que lo haría, para expresarlo con las
palabras de nuestro querido Mullah Nassr Eddin, «un cachorrito caído en una profunda
charca».
Como se comprobó más tarde, mi amigo el Gornahoor Harharhk había cometido un error al
mover las mencionadas palancas y botones, haciendo que ciertas partes de su cuerpo
planetario se tornaran más tensas de lo necesario. En consecuencia, su presencia y todas las
cosas a él adheridas, habían recibido un shock cuyo impulso, debido al «ritmo» prevaleciente
en su presencia por los «alimentos secundarios» por él ingeridos, así como a la ausencia de
resistencia por parte de aquel espacio absolutamente vacío, comenzó a flotar a la deriva al
igual que, como ya dije antes, un «cachorrito caído en una profunda charca».
Con las últimas palabras, una sonrisa iluminó el rostro de Belcebú, pero luego guardó
silencio; unos instantes después realizó un extraño ademán con la mano izquierda y con un
tono que no era el usual reanudó su relato:
—Al contarte todo esto, vienen gradualmente a mi memoria todos los hechos de un periodo
de mi existencia ya tan lejano en el pasado, y me arrebata el vehemente deseo de hacerte una
confesión sincera —precisamente a ti, uno de mis herederos directos, que habrá de representar
inevitablemente la suma total de mis obras correspondientes al proceso de mi existencia
pretérita— y lo que quiero confesarte con la mayor franqueza es que cuando mi esencia, con
la participación de los sectores de mi presencia a ella tan sólo sometida, decidió por su cuenta
tomar parte personal en aquellos experimentos científicos dilucidatorios ejecutados por medio
de la parte demostrativa del nuevo invento del Gornahoor Harharhk, y yo


continua en LIBRO PRIMERO CAPÍTULO 18 (2)